DOMINGO, HERALDO SORIA 7 DÍAS / 7 de Diciembre de 1997

Vicente Ferrer / Director del Conservatorio de Música de Soria 


 
  
Foto: José M. González
SUSANA GÓMEZ REDONDO  

Tiene nombre de santo, manos de clarinetista y una sonrisa casi permanente en el rostro. Vicente Ferrer, Director del Conservatorio de Música y ganador el año pasado del tercer premio en el Concurso Nacional de Clarinete, apareció un buen día por tierras sorianas, tras estar con la Joven Orquesta de la Comunidad Europea, ejercer como catedrático en Gijón y tocar en la Orquesta Ciudad de Barcelona. Pero las giras y los viajes acaban a veces en cansancio, y este alemán de nacimiento pero valenciano en sentimiento, ascendencia y recuerdos, se presentó a una oposición como docente. Castilla fue su destino: de Salamanca aterrizó en el 93, con destino definitivo, en la ciudad de Machado.  

PREGUNTA: Para empezar, un binomio: Música y Educación ¿Cómo se llevan?

RESPUESTA: Pienso que se ha mejorado mucho con la Reforma, pero quedan cosas por solucionar. Quizá sea una actitud general de los ciudadanos. Cuando viajas, le comentas a los extranjeros que eres profesor de música o que tocas en una orquesta y les parece maravilloso. Aquí te dicen que no creen que sea algo con mucho futuro. Todavía se cree que es algo así como formar parte de la farándula y que los músicos somos gente de malvivir. Puede que por esa actitud la enseñanza musical todavía no tenga el prestigio que debería y que provoque que gente con muy buenas aptitudes, al ver que no pueden realizar la carrera musical y universitaria a la vez, elijan esta última. Aunque afortunadamente ya empieza a haber gente, entre ella alumnos de Soria, que deciden continuar.  

P: - ¿Entendemos de música?  

R:.-Afortunadamente, la imagen elitista de la gente que asiste a un concierto se está perdiendo. Hay un interés mayor por la cultura. Es más popular.  

P:.- Si Mozart levantara la cabeza y lo hiciera en una discoteca de 'bakalao' ¿qué cree que pensaría?  

R:.- Puede que se empezara a reír, burlarse y hacer una improvisación al clave sobre el tema tan burdo que está oyendo. Porque los temas de bakalao son muy elementales. Cualquier analista musical serio se da cuenta de que hay pocas modulaciones, una construcción formal muy básica y un ritmo machacón que es como si los que lo componen, con todos mis respetos, lo hicieran para gente que no tiene el menor sentido del ritmo.  

P:.- ¿Le sugeriría algo parecido un concierto de rock?  

R:.- No. El rock merece muchísimo más respeto. A pesar de que en cuanto a tonalidades no tenga excesivas variaciones, no tiene comparación. Aunque puede que diga eso porque tengo treinta años y no dieciocho.  

P:.- ¿Da la música y el arte en general una carta de mayor sensibilidad a quienes se dedican a él?  

R:.- No sé...  Puede que el arte ayude a desarrollar determinadas sensibilidades, pero entre la gente hay mucho artista que por falta de formación no ha podido dedicarse a ello y sin embargo tiene la sensibilidad de un artista. No me considero elitista, puedes ir por el campo y ver a un señor con una dulzaina que no sabe música pero es increíble cómo toca. Puede que si hubiera tenido más formación pudiera ser concertista de viento.  

P:.- En la infancia y en la vida de un músico ¿hay muchas renuncias?  

R:.- Hay que renunciar a algunas cosas, a algunas horas de juego... El que decide hacer algo con la dedicación que requiere la música, está claro que tiene que prescindir de algunas cosas, pero la cuestión es que tienes la libertad de hacerlo o no.  

P:.- ¿Recuerda su primera canción?  

R:.- No sé cuál fue la primera canción que toqué con el clarinete, lo que sí recuerdo es la primera vez que toqué con público. Era la Danza Húngara número 5 de Brahms, y la toqué más lenta de lo que es. Tenía nueve años y era el típico concierto de alumnos en Santa Cecilia y yo estaba allí solo, pequeñito encima del escenario.  

P:.- ¿Tuvo aquel Vicente miedo escénico?  

R:.- No, en aquel momento ni me lo planteé. Yo sabía que mi profesor me había preparado perfectamente para tocar eso en público y yo me subí al escenario y simplemente lo toqué. Después sí que lo he tenido, como cualquier artista que hace algo en directo. Pero por otra parte, la práctica y el estudio te van ayudando y te dan pautas para controlarlo. La forma es tener la absoluta seguridad de que la obra que vas a tocar va a salir bien excepto que suceda cualquier accidente, como agua o algún roce. La cuestión es no preocuparse y saber que tenemos las capacidades para seguir como podemos la actuación y hacer que el público se entere lo menos posible. Yo se lo digo a mis alumnos: debéis aceptar que al subir a un escenario y tocar se pueden producir errores, incluso que te despistes y descoordines con el pianista. Pero en teoría, las muchas horas de ensayo deben servir para volver al sitio y seguir como si tal cosa.  

P:.- Usted es músico, profesor y director ¿cómo se compaginan las tareas?  

R:.- Es difícil compaginar un cargo de gobierno en el Conservatorio con la realización de actividades concertísticas o concursos de música. Porque aunque teóricamente tenga que dedicar sólo nueve horas a las labores de dirección, evidentemente tengo que emplear muchas más. Y eso crea problemas a la hora de mantener una serie de conciertos; a pesar de que yo no doy muchos al año es muy duro compaginarlo. Eso aparte de las clases, que la mayoría son nocturnas.  

P:.- Y para acabar, otro binomio: Soria y Música ¿cómo lo tienen los melómanos en esta provincia?  

R:.- Lógicamente es imposible compararla con Madrid o Barcelona. Pero en el Palacio de la Audiencia se están haciendo cosas muy interesantes, como por ejemplo el Otoño Musical, que cuando llegué me sorprendió muy gratamente y que va a más. Además, los alumnos del Conservatorio dan conciertos y audiciones, y su calidad no es la de un concertista internacional, pero cualquiera que desee disfrutar con una obra puede hacerlo. Y por si fuera poco, estamos a dos horas de Madrid. Puedes ir andando a la Audiencia o acercarte hasta Madrid en autobús o coche. 
 

 

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