Para
la Villa de Los Silos, hablar de los Caminos Públicos históricamente
usados es hablar de sus vivencias, de sus costumbres, de su
forma de vida, de su ordenación natural, acomodándose al
medio, y de ese molde que posibilita las actividades humanas
que es la arquitectura.
Con el paso del tiempo y gracias a la sensibilidad de las generaciones presentes se han ido recuperando los antiguos caminos que hoy se ofrecen al visitante desde la óptica del sendero.
Junto
a estas vías de comunicación, la Villa de Los Silos ofrece
una valiosa y sencilla arquitectura doméstica que todavía
hoy podemos contemplar en los parajes de Cuevas Negras,
Moradas y Talavera. Las edificaciones se sitúan, en lo
posible en función de tres aspectos: el topográfico, donde
el desarrollo de la planta queda muy condicionado; el climático,
que obliga a resguardarse de los vientos y a realizar
construcciones achaparradas; el económico, donde las casas
tienden a estar cerca de la zona de cultivo, para facilitar
las duras tareas y conseguir resguardar las cosechas de
numerosas inclemencias.
Debido
a la accidentada topografía, la zona de cultivo se aprovechó
al máximo, constituyéndose numerosos bancales y utilizando sólo
los terrenos pedregosos para el asentamiento de las viviendas
a las que se anexaba “la era”, donde se trillaba el trigo.
Todavía
hoy, en las existentes de Las Moradas y Talavera, podemos
observar las características más apreciables de ellas, es
decir, su forma circular, con un empedrado en su interior, que
aparece circundado por una hilera de piedras en forma
vertical, para impedir la salida del grano.
Como
se puede ver la piedra, en definitiva, es la mayor constante.
Se pavimenta la senda; se hacen los escalones en una forzada
pendiente; se levantan los muros y se construyen las casas y
los bancales de las huertas. También sobre los tejados se
disponen piedras para evitar que la fuerte acción de los
vientos levante las tejas árabes que se fabricaron en los
hornos ubicados en las cercanías de las viviendas, como es el
caso de las moradas.
En
el conjunto de las edificaciones podemos apreciar como se
utilizaban los materiales que el medio ofrecía lo que conduce
a la identificación de la arquitectura con el paisaje.
Este
hecho, unido a las condiciones climáticas, que exigen una
edificación de poca altura, y a las necesidades topográficas
que obligan a construcciones limitadas, hace que nos
encontremos en Cuevas Negras, Las Moradas o Talavera con un
medio donde todo parece absolutamente natural.
La
identificación arquitectura-paisaje, es aquí un hecho
tangible. El Lomo Morín se nos antoja el conjunto más
armonioso y de mayor interés plástico, tanto en su vista aérea,
como desde su posición de escorzo, cuando subimos por el
sendero de cuevas negras.
A
pesar de ello, la arquitectura tradicional aparece bastante
dispersa y apenas quedan elementos significativos de la misma.