Mateo Viña
Conquistador de la isla de Tenerife, intervino en la batalla de la Matanza de Acentejo, si bien no lo hizo con las armas sino con sus capitales, ya que fue uno de los que anticiparon al de Lugo sus dineros para la empresa. Era genovés y mercader establecido en Gran Canaria y vino con Alonso Fernández de Lugo a Tenerife desde principios de la conquista, como armador y proveedor de la expedición; luego acompañó al Adelantado en el viaje a la Corte (1496) durante el cual presentó en Almazán a los menceyes prisioneros. Recibió importantes datas de tierras en Tenerife: albalá por el que le reconoce el Adelantado la propiedad de la cuarta parte de los esclavos y ganados hurtados en Tenerife y de toda la tierra de Anaga y toda la tierra de Daute entre la heredad de Cristóbal de Ponte y la de Gonzalo Yanes (16-VII-1497).
El
que luego fuera Adelantado de Canarias, don Alonso Fernández de Lugo, distingue
al mercader y conquistador Viña con varias datas; en una de ellas se
contiene:.. "doy facultad a vos
Mateo Viña, conquistador y regidor de esta isla de Tenerife, para que veais, si
unas aguas y tierras que están en Daute entre la heredad, de la una parte Cristóbal
de Ponte y de la otra Gonzalianes, portugués, y si ella vos agradare podáis
sacar las dichas aguas y aprovecharos de ellas, en las tierras que se pudiesen
aprovechar, para que en ella faceis y fagais, una heredad de azúcar y de otra
cualquier cosa que vos queráis, porque desde ahora vos asigno y doy las dichas
tierras y aguas, por repartición y vecindad, por cuanto vos, desde el primer día
que yo vine a conquistar la dicha isla, viniste conmigo, con vuestros criados, y
fuísteis uno de los armadores e conquistadores, hasta que se ganó; en lo cual
hiciste mucho servicio a sus Altezas, así con lo mucho que gastastes, como con
lo que servistes con vuestra persona".
La
extensión de tierras entregadas a Mateo Viña fue muy abundante; por ello tuvo
que recurrir al préstamo de dos millones de maravedíes, concedido por el Duque
de Medina Sidonia para ponerlas en producción. Roturó parte de ellas, las
plantó de cañas y fabricó un molino harinero. Posteriormente y por los mismos
motivos económicos, tuvo que recurrir a la familia Interián (Agustín Interián),
lo que le obligó, a la postre, a dividir con sus descendientes la propiedad de
la hacienda.
Hijo y uno de los herederos de Mateo
Viña fue Fabián, del mismo
apellido, quien impulsó el desarrollo de su hacienda, compartiendo la mitad con
los Interián.
Fabián Viña Negrón y María Luis
Pajarón, hija del hacendado y alcalde de San Pedro, otorgan su testamento
mancomunado ante Quiñones en 8 de octubre de 1582. Declaran todos sus bienes y
ordenan sus mandas especificando lo que le vino por la dote de María Luis, su
mujer, hija de Juan de Regla y de Isabel Mateos: "la heredad de viña y
morales, casa de bodegas y de criar seda, que todo ello es en este lugar de
Garachico, por arriba del puerto, con todo el arboledo y aprovechamiento que en
la dicha heredad está, que toda ella linda por abajo con camino Real, por
arriba las canales del agua que llaman de Mateo Viña (no menciona al Interián),
por un lado y por el otro lado, otro barranco, el de Lope de la Vega".
Este
documento nos sirve para confirmar, una vez más, el lugar en donde estaba la
Madre del Agua de Viña e Interián: sobre el puerto de Garachico, por arriba
las canales, y entre dos barrancos (el de Lope de la Vega u Hondo de San Pedro y
el otro de Los Reyes), según citan posteriores propietarios de esta finca, hoy
notoria y conocida por "San Martín", por haber pertenecido a
Luis de San Martín LLerena.
Por
este mismo testamento, Fabián y su mujer mandan construir la ermita de San Andrés
en el promontorio que dominaba la cala o playa, la que hoy es parroquia del
mismo nombre en el dividido barrio de La Caleta de Interián. Lo hizo por el
gran amor y devoción que le tenía a este apóstol.
María
Luis, la hija de Juan de Regla, ya viuda de Fabián y próxima a su muerte,
ordena su testamento individual invocando a la Santísima Trinidad, a la Virgen
y a todos los santos.
Destacamos algunos
puntos o cláusulas de sus últimas voluntades, todas ellas relacionadas con las
instituciones religiosas del lugar y principalmente sobre aspectos sociales de
la época.
Manda que su cuerpo
sea enterrado con el hábito de San Francisco en la iglesia de Santa Ana del
lugar de Garachico, si Dios fuese servido de llevársela, para que luego fuesen
trasladados sus huesos a la capilla que mandaron hacer sus padres, y que por
esta fecha estaba a medio construir, como veremos.
Que el día de su
enterramiento le acompañen todos los religiosos y sacerdotes que hubiesen en el
lugar, diciendo una misa de cuerpo presente, con ofrenda de pan, vino y cera.
Dando sus albaceas, por cada oficio, seis fanegas de trigo, seis
carneros y media pipa de vino -seis barriles-; ordenando que en el convento de
San Francisco se le diga y haga otro oficio, siendo la ofrenda la misma:
carneros, pan y vino.
Dice que por
cuanto está fatigada y no puede hacer memoria de todas las cosas que posee y
tiene, da poder al padre guardián de San Francisco, fray Bartolomé de
Calanaria (sic), (¿Candelaria?) y a los señores curas beneficiados Alonso de
Torres y Blas Toro, para que en todas las cosas y hacienda que ella tiene y no
las declarara en este testamento, lo puedan disponer y mandar repartir.
Lo
que si tiene lucidez para declarar María Luis, es cuando dice que tiene
licencia de obispos anteriores para hacer una capilla a la advocación de Santa
María de la Asunción en la parroquia de Santa Ana, la cual esta comenzada "a
más del medio", diciendo que es su voluntad que se acabe con la mayor
presteza y se paguen de sus bienes todos los gastos que se hicieren hasta
acabarla de todo punto, poniendo en ella una imagen de bulto, de la dicha
advocación, pidiendo que fuese muy devota (que moviese su presencia a devoción
y fervor), y de buena mano (buena hechura) trayendo, además, lo que haga falta
para adornar el altar de la capilla "para que Dios sea servido y la
imagen de Ntra. Señora esté con toda la veneración debida".
Continuando
con el testamento, manda que se dé de limosna a la iglesia parroquial de Santa
Ana dos mil doblas, para ayuda de su obra, atendiendo a la pobreza que tiene. En
otra cláusula posterior rectifica el donativo: "por cuanto yo he
mandado muchas mandas y mi heredero queda cargado, es mi voluntad que a la dicha
iglesia no se le den más de mil doblas, de suerte, que de las dos mil sólo se
le den mil doblas".
A Martín Cabeza[1],
por los buenos servicios que le ha hecho y por parentesco que con él tiene, 700
ducados. Desconocemos este parentesco.
De limosna al
convento de San Francisco de Garachico, para sus obras, cien ducados. Así mismo
a la capilla de La Veracruz, del mismo convento, cincuenta ducados.
A
Catalina de Gallegos, su sobrina y de Fabián Viña, por los buenos y antiguos
servicios que le había hecho a ella y a su marido, deja toda la viña que ha
heredado de sus padres, con los morales; de barranco a barranco, en que está la
casa de la seda y la casa que al presente vive Martín Cabeza, con cargo y
condición de que las capellanías de misas y aceite
impuestas sobre ella, y que
se dicen en el convento de San Francisco las pague, y dé al dicho convento, en
cada un año, seis arrobas de aceite para la lámpara y dos botas de vino para
las misas del sábado y las dos fiestas de Nuestra Señora, que se han de decir
por las almas de sus padres. Corrigiendo más adelante que, "para no
venir a menos y si vayan a más estas misas de los sábados y de N. Señora, se
den tres botas de vino en lugar de dos", al convento franciscano.
Hemos dicho que María
Luis era hija de Juan de Regla, al cual el Adelantado le dio una data de tierras
y aguas en Garachico y comprendía la viña que va de barranco a barranco -del
de Los Reyes al Hondo de San Pedro, llamado
posteriormente de Lope de La Vega- es la actual finca de San Martín, es
decir, lo que queda, ya que fue primeramente sepultada por el aluvión de San Dámaso,
en 1645 y luego por el volcán de Mayo de 1706.
Esta franja de
terreno le fue dada a Juan de Regla en los siguientes términos: "
Doy a vos, Juan de Regla, vecino de esta isla, una fanegada de tierra, para
huerta y arboledo junto con vuestro parral, que cae a el puerto de Garachico, con todas las aguas
que habéis regado
y regáis vuestro parral, sin perjuicio
que así mismo vos reguéis dicha huerta y parral".
Otra data, completa
el espacio señalado entre ambos barrancos: "
A vos, Juan de Regla (...) toda la demasía de tierras de tres fanegadas, que
fue dado a Diego de León encima del puerto, bajo del risco de las canales,
entre los barrancos que han por linderos, el barranco de Las Cuevas (Los Reyes),
por la borda del risco a donde está dicho puerto, y de la otra parte el
barranco que viene de la fuente del Realejo a dar a el mar, la cual tierra es
para viña..."
La
Fuente del Realejo es la que se denominaba de Rixo o Rijo, hoy conocida por
Fuente de La Atalaya, cuyas aguas iban al dornajo público, situado junto a la
Cañada Real que servía de paso para los ganados de la costa a las bandas del
sur. Andando el tiempo, sus aguas han ido a parar a un lavadero público,
propiedad del municipio de El Tanque, y el sobrante es recogido para el riego.
Prosiguiendo
con las cláusulas del testamento de María Luis encontramos que a
la antedicha Catalina de Gallegos le deja los solares y casas que tiene
en el barrio de Los Reyes, con cargo y condición que cada año, por el día de
Ntra. Señora de Los Reyes, le mande una misa cantada con sus vísperas,
perpetuamente.
La ermita de Ntra.
Sra.. de los Reyes, acogió en ella los cuadros y las imágenes de la
desaparecida ermita de San Telmo, entre ellas la imagen de su patrón.
Es su voluntad, dice
la señora del Viña, que las casas en que vive las tengan Juan Mateo Viña y
Bartolomé de Cabrera -sobrino de ella-, las cuales partan entre ambos y haya el
uno tanto como el otro. Estas casas estaban cerca del Castillo de San Miguel,
puesto que la muralla terrera y defensiva de esta fortaleza corría hasta la
casa de Fabián Viña, constructor de esta fortaleza y su primer alcaide.
Declara
que una beatas que están en Canaria, que se llaman las Ortegas, son familiares
suyas y que se le den doscientas doblas para sus reparos.
Continúa declarando
que había dado el patronazgo de la capellanía que habían fundado a Bartolomé
de Cabrera, señalándole, para pagarla, la viña que dicen de "El
Gago".
No
podía faltar la mención en este testamento, tratándose de una hacendada de
regular enjundia, a los esclavos. Tiene a María, Catalina, Perico Sape y
Juanillo, a los que deja horros --libres- con cargo y condición que sirvan un año
a la iglesia, advirtiendo que Pedro Viña, otro de los esclavos, lo deja libre
de todo punto, de suerte que ninguna cosa pague ni sirva.
Cierra
el capítulo de las voluntades dando al hospital del lugar cien doblas, e igual
cantidad a la cofradía del Santísimo Sacramento, de la parroquia de Santa Ana
y también, que el día de Ntra. Señora de septiembre, se den 20 doblas, cada año,
para ayudar a casar una huérfana, la cual sería elegida y nombrada por los
beneficiados de Santa Ana y guardián del convento de Nuestra Señora de Los Ángeles,
de la orden de San Francisco.
Declarando
por su universal heredero, del remanente de sus bienes raíces, derechos y
acciones, después de cumplido y pagado su testamento, a Mateo Viña de Vergara,
sobrino del dicho Fabián Viña, su marido y vecino de esta isla.
Bartolomé
de Cabrera fue nombrado patrono de la capellanía que instituyeron María Luis
Pajarón y Fabián Viña Negrón, Regidor de la isla y Alcaide de la fortaleza
de Garachico. Esta capellanía de misas perpetuas todos los días del año se
habían de decir en la iglesia de Santa Ana, con condición de que cuando se
terminase la capilla colateral que Juan de Regla mandó hacer en la dicha
iglesia, las misas se dijesen en ella, y el capellán que las hubiere de decir,
al terminar cada una de estas, haya de rezar un responso sobre la sepultura de
ambos.
Las misas se aplicarían
por: El lunes a las Animas del purgatorio. El martes a San Sebastián y San Fabián,
con conmemoración de difuntos. El miércoles a San Andrés. El jueves a Las
Llagas de Ntro. Señor Jesucristo. El viernes
a La Pasión de Ntro. Señor . El sábado a Nuestra Señora de La O. Y el
domingo al Santísimo Sacramento.
[1]
Martín Cabesas era hijo de Juan Cabesas y María García Izquierdo. Fueron
sus hermanos: 1) Leonor Cabeza, que casó con Bartolomé Joven, cirujano. 2)
Felipe García, que casó con Isabel Hernández. 3) Isabel Cabeza, que casó
con Antón Martín del Castillo. 4) Juan Cabeza
y 5) Hernán García, que casó con Catalina Pérez. Era Martín
Cabesas nieto por línea paterna de Martín Cavesa y Leonor Peres, vecinos y
naturales de las Casas de la Reina, en el Maestrazgo de Santiago, en
Castilla.