Actualizada: 02/09/2004 09:24:05            

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1.-Estructura interna del ingenio

Con muy pocas diferencias en cuanto a tamaño y capacidad, la estructura y funcionamiento de los primeros ingenios o trapiches azucareros obedecían en la comarca de Daute, en líneas generales, a la descripción que pasamos a detallar. Se trataban de auténticas fábricas, de considerable capacidad productiva para la época. Recordemos que Torriani, lo identifica como un elemento relevante, en su mapa de Garachico en el siglo XVI. Consistían en unas grandes edificaciones, situadas casi siempre en los lugares más próximos a las fincas del cañamelar y a los cursos de agua.  

Se componía el ingenio de varias dependencias, construidas con paredes muy sólidas, comunicadas entre sí por amplios portalones y, a menudo, tenían la techumbre baja, de la que sobresalía una chimenea. La edificación donde albergó el Ingenio de la compañía Igller a principios del siglo XX, situado en la zona de Sibora en Los Silos, conserva la magestuosa chimenea.

Cada dependencia estaba destinada a un fin particular. Así había una estancia para las tareas de la molienda y el prensado que, a veces, podía ocupar un departamento propio aislado del resto del edificio. Existían otras habitaciones especiales reservadas para la cocción, solidificación y enfriado que constituían la “casa del ingenio” propiamente dicha.

Por último estaba el salón. donde se  purgaba el azúcar. Además, de las dependencias descritas, los ingenios contaban con otras instalaciones secundarias, pero imprescindibles, tales como la bodega para guardar la miel artificial; los almacenes donde se depositaba el azúcar ya elaborado, resguardado de la humedad y parásitos por cajas de madera; diversos cuartos para la leña y otras piezas que cobijaban a los repuestos y demás aperos.

A veces se incorporaba a este conjunto otras instalaciones no relacionadas directamente con las actividades propias del ingenio, pero sí vinculadas a labores complementarias o dedicadas a cubrir los períodos de inactividad entre zafras. Eran éstos: el horno de tejas y el molino de harina.  

La estructura de estos locales admitía más diversificaciones y ampliaciones si se le añadían los alojamientos de los esclavos y demás personal que atendían las tareas de la fábrica. En este mismo sentido no se debe olvidar que, desde un principio, se aprecia en torno a los ingenios la aparición de embriones urbanos que, en muchos casos y pasado el tiempo, evolucionaron hasta convertirse en auténticos pueblos. En estos incipientes núcleos habitaron los terratenientes privilegiados por los repartimientos y, cuando no, lo hacían sus albaceas con su correspondiente servidumbre; aparceros, arrendatarios, mercaderes, transportistas, artesanos, autoridades civiles, militares, el clero, los jornaleros y esclavos.

2.-Funcionamiento y organización de los ingenios.

En cuanto al funcionamiento y organización de los ingenios, el procedimiento más usual en la elaboración de los azúcares era el que se iniciaba en el molino por donde se hacían pasar los tallos de las cañamieles. El molino exigía para su funcionamiento de la fuerza motriz derivada de los saltos de caudales de agua, si bien los hubo que emplearon sólo la tracción animal.  

Después de picados y molidos, los tallos volvían a ser tratados en una batería, hasta obtenerse así el jugo azucarado. Las cañadulces soltaban en esta manipulación buena parte de su liquido, pese a que, posteriormente, se las hacía pasar por la prensa, a fin de aprovechar mejor su zumo al exprimírseles totalmente y quedar reducidas a bagazo, es decir, a residuos compuestos por fibras secas que se solían emplear como abono, combustible y hasta como forraje.  

Realizado este primer procedimiento, el jugo era transportado a un local contiguo conocido por «el cuarto de calderas», llamado así por encontrarse en él unos grandes tacos de cobre con sus fogones correspondientes, en los cuales se hervía el dulce líquido dentro de unos calderones de bronce, sobre fuego avivado por leña hasta que alcanzaba una determinada densidad y su punto o temple. De esta operación dependía una buena parte el éxito o fracaso de las labores.

A fin de mejorar el producto se solía añadir un poco de cal durante la cocción para que los alcaloides neutralizaran el ácido, que por su propia naturaleza contiene las cañas.

Una vez obtenido su punto conveniente, pasaba esta primera cochura a otro salón, en el que estaban instaladas unas tinajas de gran capacidad llamadas «enfriaderas», en las cuales era vertido el líquido, batiéndosele constantemente.

A la vez que se iba enfriando, se condensaba en la superficie unos cristales que no lograban disolverse en la miel y que eran ‘luego extraídos con espumaderas especiales. A continuación, se colocaban en unos moldes u hormas para que se escurrieran y solidificaran. La parte del líquido que no conseguía formar masa granulenta se la hacía rehervir hasta cristalizar de nuevo. Este proceso, repetido varias veces, daba origen a los diferentes productos y subproductos derivados del azúcar.

En esta labor era muy importante la función del «purgado» ‘o refinado del azúcar, que se realizaba, cuando ésta se encontraba en los moldes, por operarios altamente especializados, llamados «desburgadores». De esta labor dependía en una buena parte la calidad del producto y, por consiguiente, su 5éxito en la venta.

3.-Los diferentes productos de los ingenios

El primero era el conocido por azúcar moreno, el cual se podía purificar mediante un sencillo procedimiento consistente en colocarlo en una especie de embudo de gran capacidad. Una vez dentro, era prensado y después cubierto con una capa de barro que generaba una humedad, motivando el desprendimiento de la miel, sin que el azúcar se disolviera, evacuándose ésta por el orificio inferior de los referidos foniles. Esta tarea culminaba al término de quince días y el resultado final no era otro que la obtención del codiciado azúcar blanco, objeto esencial de las ventas en los mercados europeos. Naturalmente, los cristales de este edulcorante eran mucho más gruesos y su color blanco no lograban la presentación y pureza del que se consume en la actualidad.  

Los pilones que se obtenían defectuosamente eran quebrados con un martillo. De ahí el calificativo de azúcar quebrado, pues era de inferior calidad y, generalmente, servía para el abastecimiento local, aunque, ocasionalmente, fuera también objeto de exportación.

De rango inferior era el llamado azúcar de espuma, procedente de los residuos que quedaban en los calderos al vaciarse el jugo limpio. Pero existían, además, otros muchos derivados y subderivados, tales corno el azúcar de segunda y tercera mieles y remieles refinados rapaduras, escamas y reescamas, miel artificial, conservas y confituras.

4.-Las Ordenanzas

Si amplia y prolija era la normativa que regulaba hasta los últimos detalles las labores en el cañaveral, no menos minuciosos eran los preceptos que regían la actividad en la industria. Es de resaltar la especial vehemencia que siempre pusieron los legisladores con miras a obtener azúcares de óptima calidad. Se pretendía evitar a toda costa que el producto se desprestigiara en los mercados extrainsulares por descuido o negligencia. Respecto a esto existía una gran conciencia, ante las amenazas de la pronto y fuerte competencia de otras áreas productoras.

Pero, sin duda, el enorme celo con que se velaba por la calidad del azúcar era el resultado de una justa sobreestimación de su papel en el conjunto de la economía de las Islas. Ahora bien, el intervencionismo de los Cabildos, regulando la producción y penalizando severamente infracciones, se fundamentaba también en los lógicos criterios fiscales a fin de mejorar la salud de las depauperadas arcas publicas.

De todo eso debió haber un poco, como lo demuestra la lectura de un texto de entonces, que decía: « . .el principal trato que en esta ysla ay es el de los açúcares e que a causa de ellos se puebla e los vezinos de la dicha ysla se sostienen e las rentas de sus majestades crescen lo qual todo cesaría no haciendo los açúcares buenos. . . »

 

 

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