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Actualizada: 02/09/2004 09:23:48 |
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Los cañaverales eran los
espacios ocupados por el cultivo de la caña de azúcar. De su
relevante papel en Daute nos habla multitudes de datas cuyas versiones se
custodian en la Biblioteca de la Universidad de La Laguna.
Diciendo que «luego como se acabó de conquistar, el Governador
envió a España y a la isla de la Madera por frutales y cañas
de asúcares, legumbres, y todo género de ganado y de casas y
se plantaron por toda la isla muchísimos cañaverales, que
luego comenzaron a dar infinito asucar muy bueno, de forma que
la isla en breve se ennobleció». Este fenómeno se repitió en
parecidos términos en las demás islas aptas para el cultivo de
las «caña-dulces ». En efecto, desde un primer momento, la caña de azúcar cubrió las amplias y feraces zonas costeras de las islas, donde la hoy denominada Isla Baja, gozaba de un especial atractivo por su abundantes aguas y tierras llanas.
Las secas y desarboladas
islas de Lanzarote y Fuerteventura se vieron privadas del
enriquecimiento que produce a Canarias dicho cultivo por las
exigencias en agua de esta planta de la que aquéllas carecen y
por la ausencia de bosques para proveer la leña indispensable
para los ingenios. Muy pronto, desde las
franjas litorales, por las cuencas de los barrancos de
Lope de la Vega u Hondo de San Pedro, Los
Reyes, La Palma de Daute, El
Gomero, Las Canaletas, del Agua, Blas, etc. los
cultivos se fueron adentrando en el interior de Daute,
deteniéndose en las medianías, en torno a la cota de 500
metros por encima del nivel del mar, en donde la mayor humedad y
la menor insolación mermaban sus rendimientos. Además de los cañaverales
de la comarca de
Daute, fueron muy famosos los cañaverales
de los barrancos de Agaete, Aumastel, Tenoya, Guiniguada
Aguatona, en Gran Canaria, así como los del Realejos, Icod, Taganana, Valle de Taoro y Güímar,
en Tenerife. Los cañamieles se extendieron también en los
Llanos de Tazacorte y Norte de San Miguel de La Palma. En la
Gomera, los valles de Hermigua, San Sebastián y Vallehermoso se
vieron pronto cubiertos por tan importante actividad agrícola.
Destinada la mayoría de las tierras de la comarca para la plantación de cañas, su
dueños se concertaba con algún asalariado, quien por medio de
un contrato Público se comprometía a la preparación del
terreno. Estos trabajos consistían en despedregar la
tierra, así como arrancar y retirar todo tipo de hierbas que en
el terreno existiera. El último trabajo a realizar era el de
allanar la tierra y de esta manera dejarla preparada para el
cultivo. Una
vez realizado los trabajos preliminares, el paso siguiente es la
puesta en cultivo. Para ello el representante del terreno se
concentraba de nuevo, con personal asalariado. Por medio de un
pago en numerario establecido de antemano en un contrato público,
el trabajador Se obligaba a realizar plantones desde donde,
posteriormente, eran trasladados los brotes a las tierras de cañaverales.
También tenía que abrir surcos, separados Uno de otro unos
cuatro palmos, donde se depositaba el pedazo de caña, esta
operación se realizaba en el mes de marzo. Por el sistema de
surcos se conseguía que el agua —elemento imprescindible para
este cultivo pues además de los 20º de temperatura requería
de una altísima humedad— llegara a cada una de las raíces.
Los pedazos de cañas debían quedar fuera de la superficie 4 o
6 dedos y había que tener en cuenta por donde se debía
comenzar a plantar, siendo necesario empezar por el primer surco
que cayese más cerca de la parte del naciente, de modo que las
cañas quedasen inclinada como tres dedos en dirección al
naciente del sol.
Para
las plantaciones, el trabajador utilizaba como medio de labranza
el arado arrastrado por yuntas de bueyes. Según
la edad de la caña ésta recibe diferente nombre; el Primer
fruto es conocido con el nombre de «planta» el cual se
consigue después de dos años de haber sido
plantada. Después de cortada esta primera cosecha, la raíz
vuelve a retoñar, así se consigue una nueva cosecha después
de otros dos años, a esta segunda se le denomina «caña de
zoca». La Planta permite una tercera cosecha por el mismo
procedimiento que es la «rezoca» Una vez recogida ésta, la
productividad de la planta se agota, siendo necesario volver a
hacer nueva plantación de caña nueva, es decir, de aquellos
que tenga dos años de edad. Tanto en terreno nuevo como en aquél que sea necesario realizar nuevas plantaciones, el propietario de la tierra se ve obligado a acudir a la adquisición de caña de planta de otra tierra. Estaba establecido en las Ordenanzas de la Isla la obligación por parte de los dueños de cañaverales de vender este tipo de caña a todo aquel que acudiera a comprarla una manera de favorecer la permanencia del cultivo en la Isla. El sistema de medida empleado para la extensión del cultivo es la braza. En 1526 cada 7.600 brazas de planta alcanzaba un valor de 54 doblas.
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