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Los peirones en Aragón: HUESA DEL COMÚN (2)
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Huesa del Común: peirón de San Jorge.

 

H u e s a
del
C o m ú n

 

 

 


Copia literal del artículo de M. Ayete Belenguer, publicado en la revista OSSA (nº 2, pgs. 13 a 17, dic. 95), de la Asociación Cultural "Castillo de Peñaflor" de Huesa del Común:

"MI PUEBLO: LOS PEIRONES

Andaba yo indagando cosas de MI PUEBLO cuando salió el tema de los peirones en una conversación, tema que quería tocar más adelante, pero dada la ocasión, ni corto ni perezoso, me puse a trabajar sobre ello. No fue tarea fácil, pues, aunque todos o casi todos conocemos dos de ellos, al profundizar en la investigación aparecieron otros muchos y además una serie de lagunas e interrogantes que trataré de comentar lo mejor posible en esta exposición.

Comenzaré diciendo que no podemos confundir "PILÓN" con "PEIRÓN". De aquéllos me ocuparé en otra ocasión; de éstos, de los peirones, es de los que voy a tratar.

Pero, ¿qué son los peirones? El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española los define como : "Columna u obelisco con una o varias imágenes". Profundizando más en las palabras claves "columna" y "obelisco", vemos que ambos nombres se denominan también "pilar" de la que procede "manchón", cuyo significado entre otros, hace referencia a: "pilastra aislada que sirve de sostén y también de adorno" y "persona o cosa que sirve de amparo, apoyo o protección".

Tal como conocemos los existentes, para nosotros, los peirones son unas construcciones en forma de columna o pilar con un hueco (hornacina) en la parte alta que alberga un santo, acabado en forma de pirámide y rematado con una pequeña cruz de forja, construidos de forma aislada en la orilla de algún camino con un fin determinado que, según el decir de nuestros mayores y la leyenda o tradición de nuestros antepasados, señala que los peirones se colocaban en los caminos de acceso a un pueblo para PROTEGER a éste y a sus gentes del paso de los malos espíritus.
Definición, conocimiento, leyenda y tradición coinciden en un ' significado que les da ampliamente uno de los textos consultados: "construcciones megalíticas (monumento de remota antigüedad construido con piedras sin labrar) de carácter religioso, supersticioso o simbólico utilizadas como elementos protectores bajo la advocación de algún santo cuya imagen aparece en la parte superior del mismo"

Quizás los antecedentes de los peirones se encuentren en los DÓLMENES o en aquellos "pilares altos en forma de aguja piramidal muy usados por los egipcios (obeliscos) que cubrían con jeroglíficos; o, ¿por qué no?, en aquellos pilares (miliarios) que ya los romanos colocaban en las calzadas indicando distancias, peligros, etc.

El viajero que haya tenido la suerte de desplazarse en vehículo o con cualquier otro medio podrá recordar la existencia de estos peirones en los caminos por los que se accede a muchos de los pueblos de nuestra geografía. Unos grandes y esbeltos, otros más toscos y pequeños, pero todos ellos colocados en las orillas o cruces de los caminos, plantados como acérrimos centinelas que vigilan los accesos del pueblo, villa o lugar.

Huesa no es una excepción: los más conocemos DOS; los menos, los mayores, más afortunados, quizás recuerden otros por haberlos visto o de oídas a sus mayores.

Desconozco, al no haber profundizado más en el tema, de cuándo datan los que han llegado hasta nuestros días: el de San Pedro y el de San Miguel. El primero de construcción rústica (piedra y ladrillo forrados de yeso), no
muy alto y sin ningún adorno. El de San Miguel, barroco de ladrillo, grandioso y esbelto, está construido sobre una base cuadrada de piedra de 4x4 metros, a la cual, formando escalera, se le superpuso otra de 2,7Ox2,70 y aún una tercera de 2x2 metros, sobre la cual simétricamente se alza el peirón, de base cuadrada, de 1,20 m. de lado y de una altura total de 6,90 metros, que supongo estaría rematado con una pequeña cruz de forja. Una pequeña imagen del Santo (por cierto, manco de la mano derecha y sin sujetar su pedestal) ocupa el hueco de la hornacina. Los adornos en su cara son iguales: decoración mudéjar de rombos al igual que todo él. Estimo que puede ser de la misma época que la torre de la Iglesia (1604-1609) y me aventuro a decir que antaño pudiese tener adornos mudéjares de cerámica, dado que en sus pies, desparramados, se han encontrado fragmentos de baldosines vidriados en verde y azul.

No hay duda de que en los tiempos en que los transportes con caballerías, carros y galeras eran el único medio de comunicación y la mayoría de la gente se desplazaba a todas partes andando por sendas y caminos, en los accesos al pueblo existieron otros peirones.

Haberlos los hubo de diferentes épocas, dados los materiales empleados en su construcción y fáciles de identificar en nuestros días, en el de San Jorge y Las Almas y, si excavásemos un poco saldrían a la luz los cimientos del de Los Tres Caminos, San Juan, San Benito y alguno más.

Tomando como base el significado de peirón, la leyenda, la tradición y los restos existentes, se me plantea una duda: si los peirones conocidos no protegían todos los accesos del pueblo, ¿había antiguamente más peirones en Huesa que dieran su amparo a todo el entorno? Para contestar a este interrogante nada mejor que consultar esos grandiosos libros de historia que son nuestros mayores. Pronto aparecieron distintas informaciones como queriendo recordar, sin nombres, la existencia de unos montones de piedra y yeso en el Pleno y al final del Amadeo similares a los del Alto del Molino de Plou, que bien pudiera tratarse de antiguos peirones, y la certeza del de los Santos Mártires y de haber oído nombrar el de San Pablo.

Pero, ¿qué entradas del pueblo protegían o vigilaban estos peirones? Para contestar a ello debemos introducirnos en la máquina del tiempo y retroceder siglos atrás cuando los caminos carreteros o de herradura y las sendas transcurrían, las más de las veces, por lugares diferentes al trazado de las actuales carreteras. Así, el de San Miguel, situado al final de la Vega, protegía la entrada del camino de Blesa; el de San Pedro la de Plou (hay que recordar que este camino subía por el llamado "atajo" hasta la Loma de la Horca). El de las Almas, con restos visibles de piedra sin labrar en su base de 7Ox8O cm., en el Alto del Molino de Plou, protegía la entrada de los procedentes de Plenas, Moyuela, Moneva y de los que accedían en carro procedentes de Blesa. El de los Santos Mártires, parecido al de San Miguel, derribado durante la Guerra Civil para construir en su lugar una "garita de guardia" en donde hoy tenemos el transformador, se encargaría de proteger el acceso de Muniesa y del camino del Palomar.

El de San Jorge, situado en el vértice que forman las hiladas del Cerro y del Val y bastante separado de los caminos, vigilaría a los procedentes de Anadón y Salcedillo y a los que bajasen por el Val. Los restos muy visibles y apreciables en lo más alto del Cerro, hacen pensar en la existencia de dos peirones, pues por un lado encontramos restos de una plataforma de piedra de 4x4 metros y en su centro, tapada con piedras, el arranque de una construcción en piedra y yeso de 1,5x1,5 metros y, unos quince metros más adelante, en dirección al pueblo, volvemos a encontrar una nueva plataforma similar a la anterior y, sobre ella, otra de 2x2 metros sobre la que simétricamente aparece el arranque de una columna de 1,20x1,20 metros; creemos en la hipótesis de que los restos del primero sean de uno primitivo que se vino abajo por una u otra causa, aprovechándose sus materiales para levantar uno nuevo en las inmediaciones. Los restos de este último nos muestran con nitidez la ausencia total de ladrillos, siendo sus únicos materiales empleados argamasa de yeso y cal y piedras caravista lisas, sin labrar, caídas en el suelo de tal forma que se marca perfectamente la dirección en que cayó este peirón.

El desaparecido en Los Tres Caminos, cuyo nombre cierto no se recuerda pero sí la existencia de uno en este lugar, bien pudiera haber protegido el acceso por la Faja Roya a carros y galeras. Para los que expongan alguna duda recordaremos que no existían carreteras en otros tiempos y el camino para Rudilla y Monforte era por el Pleno, con una fuerte cuesta arriba o abajo, según tocara, (aún visible hoy en día y que usan con el ganado) que andando o en caballería se podía se podía realizar, pero lo veo dudoso con aquellos carros de antaño. Además estaba el Puente Viejo, gran fortuna para cruzar el río, pero muy estrecho por sus barandillas de mampostería, cuya anchura practicable no sería mucho más de un metro. Cruzar el río antes, entre los dos puentes, imposible con la cuesta existente para llegar a la altura de la carretera. Así pues, pensando en esto, qué mejor que los carros, procedentes de la sierra, a través de Royales o el camino Royo, se dirigieran, por camino más llano, a salir a los Tres Caminos o a Santa Quiteria por el camino de Menaya, bajar a cruzar más fácilmente el río por las Navarras y por la Calleja llegar al pueblo. De esta forma tiene lógica el de los Tres Caminos y el de San Juan, cuyos restos aún se encuentran en el Huerto de San Juan, próximos al cruce del camino de la Vega con el de Menaya.

El peirón de San Benito, en el Morinillo, en la esquina del comienzo del camino del mismo nombre, protegía el acceso de caminantes o de caballerías que "atajando' quisieran llegar a "La Villa".

De los citados sin nombre en el Pleno y en el Amadeo es fácil deducir que prestarían su protección en las entradas procedentes de Monforte, Rudilla y Segura. El primero de ellos pudo estar situado en un pequeño alterón existente donde se junta el antiguo camino con la carretera actual, a la entrada de las primeras eras del Pleno; protegía el acceso de los que sin carro y procedentes de la sierra llegasen al pueblo para cruzar por el puente viejo.

El segundo después de cruzar el paso obligado del Estrecho de las Canales, ya en el Amadeo, en las cercanías de la Tejería, para los que procedían de Segura.

Queda aún hablar del de San Pablo, nombrado en todas las ocasiones que he tratado el tema de los peirones y de cuyo emplazamiento no se ha sabido dar razón. ¿Fue quizás el de Los Tres Caminos?. Algunos aseguran que no. Siendo así, pudo ser el del Pleno o el del Amadeo. ¿O acaso existió
algún otro más?

Tomando como base lo anteriormente expuesto y, a pesar de todos los peirones mencionados, cabe la hipótesis de la existencia de uno más de ellos para completar el cerco de protección por todos los accesos a Huesa. Este pudo estar situado en la proximidades del Cementerio para proteger la entrada por el camino de Maicas. ¿Sería el de San Pablo?

Fuesen los que fuesen y existieran nueve o doce, lo que no cabe duda es que NUESTRO PUEBLO se hallaba bien protegido por esos centinelas que vigilaban sus accesos, como dando fe de la importancia que Huesa tuvo a lo largo de su historia.

No quisiera acabar sin hacer una llamada de atención sobre los peirones existentes, supervivientes del gran patrimonio histórico-arquitectónico de antaño y, para ello, nada mejor que hacerlo con unos versos:

'Adiós villa de Huesa,
adiós sus peirones:
San Jorge, el de las Almas,
San Juan, el de los Tres Caminos,
San Benito y los Santos Mártires.

San Pablo, no se sabe dónde estuvo,
San Pedro necesita de un arreglo
y, si no ponemos manos a la obra,
pronto no veremos en pie
el peirón de San Miguel'.

M. AYETE BELENGUER"


7 de abril de 2000.

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Huesa del Común: peirón de San Jorge.