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Acontecimientos más notables en este siglo
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el nuevo siglo
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INTRODUCCIÓN
Para empezar, vamos a hacer una pequeña disquisición en torno al cambio de siglo.
A principio del año 2000, los teóricos y matemáticos, de pensamiento limitado por la ciencia, nos informaban de que el siglo y el milenio, empiezan el 2001 y todo porque Dionisio el Exiguo, cuando reformó el calendario, nos lo entregó con un año en lugar de cero. Esto no admite discusión, sin embargo me permito decir que algunos escritores, poetas, filósofos, artistas y los que, sin serlo, tienen un mejor sentido de la estética, como no necesitan ajustarse a ningún método, disfrutan del número 2000 como cabalísticamente redondo, expresando el deseo de aprovecharlo para el cambio tanto de milenio como de siglo.
Nos apuntamos a esta segunda opción y por la misma razón, para este trabajo, vamos a considerar el 1 de enero de 1900 para pasar del siglo
XIX al XX.
No obstante, vamos a dar la oportunidad a los de la primera opción, para que
cambien de siglo arrancando la hoja del día 31 de diciembre del año 1900, de
un calendario imaginario ya pasado.
SITUACIÓN DEL PUEBLO A PRINCIPIOS DEL S. XX.
Es de suponer que Cucalón, como los pueblos vecinos cuando se inicia el s. XX, había sufrido pocas transformaciones desde la reconquista y repoblación de toda esta zona en el s. XII. Por los datos que guardamos en la memoria, los hábitos y comportamientos, tanto de trabajo, como de vivienda, alimenticios, de vestimenta o incluso lúdicos, eran casi los mismos que los de la época que citamos y que conocemos a través de los escritos. La mayor parte del tiempo se utilizaba en el trabajo para procurarse la subsistencia, concediéndose pocos ratos para el ocio, por lo que los cuerpos se desgastaban rápidamente llevándolos a una vejez prematura. Muchas mujeres, cargadas de hijos, morían de puerperio en la flor de la vida por falta de cuidados médicos. La mortandad infantil era muy grande debido a la mala alimentación y a la falta de vacunas contra las epidemias, las enfermedades endémicas e infecciosas. A principios de siglo la esperanza de vida en España solamente llegaba a los 33 años, cuando en la actualidad se sobrepasan los 80.
Los habitantes vivían pobremente porque los campos no producían, ni aún para medianamente subsistir. Eran muy pocos los que disfrutaban de la vida de aquellos tiempos. La agricultura era rudimentaria y la ganadería escasa y los productos que generaban sólo servían para el suministro familiar. Pero a pesar de todo, no se conocen emigraciones que por cuestiones perentorias hayan dado lugar al abandono del pueblo, ya que aunque con pobreza y en algunos casos escasez, el hambre nunca dio origen a tal hecho, aún cuando carecían de lo que hoy consideramos elemental. La emigración que se produce en la mitad del siglo actual, ocurrida en toda España, es más bien un trasvase del potencial humano sobrante a la industria instalada en la ciudad, debida a la mecanización del campo,
Comenzó pues el nuevo siglo sin comunicaciones, con medios rudimentarios en
la agricultura, sin comodidades en las casas, alumbrándose con candiles de
aceite o con carbureros, pues la luz eléctrica no se instalaría hasta el año
1927, si es que aquello, que conectaba el "lucero" al anochecer, se
podía llamar iluminación eléctrica.
El tránsito de gente era mínimo y por tanto las noticias llegaban con excesiva
lentitud. Había muchas personas que no salían en toda su vida del entorno,
principalmente las mujeres y como viaje más largo a Daroca en carro o a lomos
de una caballería, para la compra, a través del canje, de elementos necesarios
para la casa. Se iba con trigo o lana y se regresaba con ropa, mantas,
utensilios diversos, arreos o sal para los animales.
Los jóvenes que se desplazaban a cumplir el servicio militar, eran a su regreso, los portadores de las novedades que habían visto y experimentado en el viaje más largo que la mayor parte de ellos realizaría en su vida y a su vez eran también los portadores de las canciones que estaban de moda en los sitios de donde procedían. Todavía se recuerda la alegría de algunas madres al ver regresar a sus hijos de la guerra de Cuba, tras seis o siete años de ausencia y oírles contar las peripecias que les habían pasado en aquellas lejanas tierras. Cuatro o cinco mozos del pueblo volvieron a sus hogares a reunirse con los suyos, pero algunos tuvieron peor suerte, pues sus cuerpos sin vida allí quedaron para siempre. Aún tendrían que sufrir los nuevos mozos en su servicio militar la tragedia de dos nuevas guerras: la de África y la Civil Española, en la que seis o siete perecieron en la contienda.
LA VIVIENDA
En general las casas estaban construidas con materiales pobres, como en todos
los pueblos circundantes. Normalmente se empleaba la piedra sin labrar, material
muy abundante en el entorno, y los adobes fabricados a partir de barro o arcilla
mezclados con paja y dejados a secar
al sol. Las personas mayores todavía
recordamos el lugar donde se hicieron los últimos adobes, en el camino del
Molino Bajo, junto a una balsa existente al pie de una loma de arcilla. Y de
este mismo yacimiento se surtían los vecinos para coger la tierra que se
empleaba como pavimento para apisonar los patios. Pocos restos quedan de paredes
de tapial, por lo que se supone que por alguna circunstancia era una
construcción que había dejado de hacerse.
Las fachadas se recubrían con una lechada de cal para que la consistencia fuese
mayor y los tabiques se cubrían con yeso. Posteriormente se blanqueaban ambos
como ornato y como medida sanitaria. El blanqueo de fachadas era normalmente
obligatorio cada cierto período de tiempo, lo cual lo hacía saber el alcalde
por medio de un bando.
Cada vivienda generalmente constaba de planta y piso y solamente algunas tenían una tercera altura. En la planta baja un amplio patio daba entrada a los dormitorios y a la cocina. Esta era la habitación principal de la casa, pues hacía las veces de hogar, recibidor, cuarto de estar y comedor. El hogar de fuego bajo alimentado con leña solía estar sobre una base de chapa, o losas o ladrillos en los más rústicos, para terminar junto a la pared del fondo que a veces se protegía con losas o con una plancha de hierro fundido con relieves de personas o paisajes muy diversos, que al resplandor de las llamas le conferían al ambiente una sensación de bienestar. Este contorno se cerraba con el rodafuegos también de hierro, que servía para apoyar las lorigas, las tenazas de atizar, algunas veces el fuelle y para proteger el resto del hogar de cenizas, hojarascas y tizones.
A ambos lados del hogar había sendos bancos para sentarse que podían ser de madera o de obra y en algunos casos, una piel de oveja o cabra cubría los asientos como una austera muestra de comodidad. Detrás de uno de estos bancos, en la pared o en el mismo respaldo, solía haber un armario con varios "paretaños" para guardar el pan, la sal o el aceite y cuya puerta, abatible sobre el banco, servía de mesa en la que se comía en algunas ocasiones. La parte trasera del otro servía de leñero.
La comida habitualmente se realizaba sobre una mesa de patas cortas que se ponía encima de la chapa del hogar, y los comensales, sentados en los bancos, se acercaban desde ambos laterales para tomar el bocado de la fuente común y retirar la espalda nuevamente hacia el respaldo del banco. El mejor sitio del hogar se reservaba para el cabeza de familia. La mujer comía de pie, o arrodillada sobre el escalón, en el lado de fuera del hogar, para tener un fácil acceso a los utensilios y a las nuevas viandas. Al lado de la cocina solía estar la recocina, donde se efectuaban los trabajos de limpieza y en la que se guardaban la vajilla y demás enseres.
Por un pasillo se llegaba a la cuadra para las caballerías con un "pajera" donde dormían los pastores, los criados o los agosteros y en más de una ocasión lo mismos mozos de la casa. Al ser las familias bastante numerosas, no se tenía sitio para dormir todos en camas, catres o jergones.
Saliendo de la cuadra, estaba el corral grande o pequeño según la posición económica de la familia. Allí convivían las aves domésticas y los conejos. La "choza" era un pequeño cubículo dentro del corral, destinado a la cría de los cerdos. Solía haber otro local con planta denominado "cubierto" para el ganado lanar y el piso superior destinado para la paja y el pienso de los animales.
En el piso de la casa se habilitaba alguna habitación como dormitorio y el
resto denominado granero, se empleaba para almacenar la cosecha, "jorear"
los jamones y mantener a la temperatura más fresca los productos de consumo que
se podían guardar durante algún tiempo sin estropearse. Costaba mucho subir el
grano pues las escaleras no eran de mármol.
Donde existía la tercera planta servía de desahogo para trastos y utensilios
no utilizados. Al ser de los más pudientes, se almacenaba parte de la cosecha.
En general la vivienda era pobre y escaseaban las comodidades. ¡Si aquello era vivir...!
LA ALIMENTACIÓN
Cuando decíamos anteriormente que algunos hábitos o costumbres no habrían variado mucho desde la repoblación del s. XII, o quizá incluso con anterioridad, la alimentación cotidiana es una de ellas.
La base principal de la alimentación era el pan y cuando no faltaba, al menos era un remedio seguro contra el hambre, pues siempre se podía acompañar con frutos secos, olivas, cebolla, pimientos, con un chorro de aceite, o remojado en vino o en "sopeta".
Habitualmente se realizaban a diario las tres comidas principales, en base a
productos
corrientes del campo como cereales, patatas, legumbres y verduras,
siendo escaso el aporte de proteínas, que se realizaba a través de la carne
del cerdo y los animales de corral y en alguna ocasión con la de cordero, oveja
o cabrito. El pescado fresco era muy difícil de conseguir y alguna vez un
ambulante vendía "sardineta" que se consideraba un lujo no al alcance
de todos. Ocasionalmente se comía bacalao o sardinas "rancias".
Los alimentos silvestres no se despreciaban a la hora de comerlos y así se consumían collejas, cardillos, estancos, husillos, túcar y setas; la carne de conejos, liebres, perdices, codornices y barbos y cangrejos de la Huerva o de la fuente del Cañizar; postres como la miel de enjambres que siempre había en los troncos de los chopos del Río o de la Huerva, moras y ciruejas bordes y sin olvidarnos del té del Peñiscoso para infusiones.
El menú para un día cualquiera podía ser similar a lo siguiente:
Almuerzo: patatas cocidas apañadas con alguna chichorreta. O bien migas o farinetas.
Comida: Cocido de garbanzos o judías blancas, aliñado con algún hueso de cerdo o gallina y acompañado de bola o morcilla y un trozo de tocino o careta de cerdo, que sin ser cuantioso se repartía entre todos los comensales de la forma más racional posible. Y todo ello mientras había existencias en el granero, que desgraciadamente no eran eternas.
Se podía acompañar con una ensalada de lechuga, escarola o col, según la época.
Si eran fiestas o había invitados era la ocasión para matar un pollo o conejo, que servía como complemento extraordinario al primer plato.
Cena: sopas de ajo, que como lujo añadido podían llevar algún huevo revuelto y como complemento una tajada de tocino para poner entre el pan o una tortilla o huevo frito. También podía ser cualquiera de los alimentos nombrados para el almuerzo, pero variándolo para la cena.
En ninguna de las comidas se tomaba postre.
LA VESTIMENTA
Del hombre
Si sustituimos el sayal de la edad media por una camisa de algodón de cuello
redondo y unos pantalones de pana, con tantos remiendos que no permitían
reconocer el tejido original, tenemos el traje normal de trabajo de un hombre
hasta mediados del siglo. La ropa interior, cuando se llevaba, tampoco es que
fuera de lencería fina. Se componía de peleles de franela para el
invierno,
como los de los niños y de calzoncillos largos con rayas azules para el verano.
Para sujetar los pantalones y los riñones se usaba la faja, que normalmente la
vendían los ambulantes que venían de la zona de Illueca y Brea, que además
llevaban mantas, alpargatas y otros complementos, como se dice hoy día. La
mencionada faja consistía en "una tira de tela o de tejido de punto de
algodón, lana o seda con la que se rodea el cuerpo por la cintura, dándole
varias vueltas" (tal como lo define el diccionario de la R.A.E.)
Como accesorios añadiremos una boina para cubrir la cabeza, que no hacía mucho que había sustituido al pañuelo y para los pies, antes de calzar las albarcas, unos pedugos de lana, hechos en casa con lana de las ovejas, los protegían de los roces y de la intemperie. Si el tiempo refrescaba se ponían un chaleco negro, chaqueta americana pasada de moda o un jersey gordo de lana también tejido a mano y en casa. Y cuando el frío apremiaba hasta temperaturas de congelación, se usaban las mantas, que muchas veces se recibían como dote de casamiento, algunas fabricadas en las cercanías por telares artesanales.
Cuando había que viajar o por festividades dar una nota de elegancia, se ponían un tapabocas de terciopelo, ancho como media manta que cubría cabeza, con varias vueltas por el cuello y que tapaba hasta los hombros. Otras veces se ponían una pelliza de paño con cuello de astracán o terciopelo y comúnmente heredada, que a la vez servía para todos los miembros varones de la familia.
Un traje completo de americana y pantalón, las más de las veces cada hombre sólo se hacía uno en la vida: para el día de la boda. Y en esa ocasión la camisa sí que la adornaba con una corbata. Ese mismo traje es el que usaría posteriormente como mortaja.
De la mujer
La vestimenta de las mujeres, tampoco es que diera lugar a ostentaciones y
lujos. Encima del justillo y la camisa se ponían la enagua, que la
complementaban con un refajo en caso de frío. El traje diario consistía en una
bata que casi siempre era negra, debido a los lutos de larga duración a los que
siempre estaba sometida a lo largo de su vida, protegida por un delantal basto
que a su vez lo aprovechaba como utensilio de trasporte, ya que mediante una
doblez cogiendo las puntas con una mano, creaba un hueco en el alda que le
servía para introducir todo tipo de objetos, desde huevos hasta verduras del
huerto. Las mayores todavía usaban saya negra de tela gruesa, con la que se
cubrían la cabeza y los hombros levantándola por detrás a modo de mantón.
Los niños en sus juegos, aprovechaban los vuelos de estas faldas para
esconderse bajo los anchos pliegues de las sayas de sus abuelas, como si se
tratase de una clueca.
Se cubrían la cabeza con un pañuelo negro anudado en la barbilla y las más viejas o las menos progresistas, todavía usaban una toca negra anudada a la nuca, al más puro estilo medieval. Los pies los calzaban con medias negras de algodón en todo tiempo y albarcas o alpargatas. Cuando refrescaba se ponían una chambra y si era poco la complementaban con una toquilla de lana tejida manualmente, cruzando los extremos en la cintura y anudándola en la parte posterior, con el fin de proteger los riñones.
De los niños
La vestimenta de los niños, tampoco difería en nada de la que hemos indicado
para los mayores. Solamente deseo señalar, más bien como anécdota, que al
menos los chicos se
sujetaban el pantalón, del que ya casi no se distinguía la
tela original, con un único tirante cruzado y a los más pequeños, para
evitarles todos los inconvenientes en realizar sus funciones fisiológicas, se
les practicaba en los pantalones sendas ranuras por delante y por detrás, con
el fin de que no fuera necesario ni tan siquiera la simple acción de bajar la
prenda. Para las chicas esto no era ningún inconveniente, pues tan sólo
necesitaban remangarse la falda.
Por supuesto que para hacerse las fotos, se les ponía "de punta en
blanco" para que parecieran lo más elegantes posible, aunque en algunas
ocasiones las ropas estuvieran desfasadas y pasadas de moda.
NOTAS: definiciones del diccionario de la R.A.E.
Camisa: Prenda de vestido interior hecha de lienzo, algodón u otro tela, de media largura, que cubre el torso.
Chambra: Vestidura corta, a modo de blusa con poco o ningún adorno, que usan las mujeres sobre la camisa.
Enagua:1. Prenda interior femenina que se usa debajo de la falda.
2. Por extensión prenda del mismo uso que cubre también el torso.
3. Vestidura de bayeta negra, a modo de saya, que usaban los hombres en los lutos mayores y los trompeteros de las procesiones de Semana Santa.Justillo: Prenda interior sin mangas, que ciñe el cuerpo y no baja de la cintura.
Refajo:1. Falda corta y vueluda, por lo general de bayeta o paño, que usan las mujeres de los pueblos encima de las enaguas. En las ciudades era falda interior que usaba la mujer para abrigo.
2. Zagalejo interior de bayeta u otra tela tupida, que usan las mujeres para abrigo.
Zagalejo: Refajo que usan las lugareñas.Saya: falda, prenda femenina. Vestidura talar antigua, especie de túnica, que usaban los hombres.
Toquilla: Pañuelo de punto generalmente de lana, que usan para abrigo las mujeres y los niños.
§
Este es el entorno en el que se vivía en nuestro pueblo, más o menos como
en todos los pueblos próximos al nuestro, donde la vida consistía en trabajar
de forma muy precaria desde que se tenía edad para ello, habitualmente al poco
tiempo de nacer y donde el futuro era tan próximo que se confundía con el
presente. Muchas veces, con tener asegurada la comida de los próximos meses era
más que suficiente, porque en otras ocasiones ni eso sucedía.
Como se puede ver, el negro era el tono que más imperaba en la vestimenta, lo cual me recuerda
las palabras de un escritor extranjero que visitaba por aquella época la
España profunda de hambre y miseria, al afirmar, en el más puro estilo
existencialista, que "para los españoles,
la vida es lo que antecede a la muerte".
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