C u c a l ó n

(Historia - cinco)

 

Sitios de interés: la Sierra, fuente del Cañizar, el Cañuelo, la Balsa, la Torre...

 

Cucalón: vista de la iglesia desde el lavadero público.

 

 

Historia
siglos XIX y XX

 

 


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Siglos XIX y XX

* Enciclopedia Universal Ilustrada (Tomo XVI-año 1913), Espasa-Calpe, S.A., Madrid, 1985.

En esta obra, aparece tres veces la voz Cucalón, correspondientes al pueblo, al riachuelo y a la sierra, respectivamente. Así:

"Cucalón. Geog. Municipio de 237 edificios y 508 habitantes, formado por el lugar de igual nombre y 86 casas diseminadas. Corresponde a la provincia de Teruel, diócesis de Zaragoza y partido judicial de Calamocha. Está situado en la vertiente O. de la sierra de su nombre, entre ésta y el río Huerva, cerca de los límites de la provincia de Zaragoza. Riegan sus campos el río Huerva y su afluente el riachuelo Cucalón que nace en la misma vertiente de los montes ya citados. Hay bosque de carrascas y minas de hierro y plomo. Produce vino, patatas, cereales, azafrán, cáñamo y judías. Cría ganado lanar y cabrío. Fabrica harina en varios molinos. El lugar está situado en la meseta de una colina a la derecha y a poca distancia del Huerva. Tiene escuelas públicas, iglesia parroquial consagrada a Santiago, y fuera del pueblo, tres ermitas denominadas de Santa Ana, San Bartolomé y San Lorenzo, un puente de piedra y una antigua atalaya desde donde se abarca gran extensión de campo. Dista 12 km. de Báguena, la estación más próxima.
Cucalón. Geog. Riachuelo de la provincia de Teruel. Nace en la vertiente O. de la Sierra de Cucalón, riega el término de este mismo nombre y desagua en la margen derecha del río Huerva.
Cucalón (Sierra de). Geog. Sierra de las provincias de Zaragoza y Teruel. Tiene 1.366 m. de altitud, en su punto más elevado llamado Alto de Herrera y desciende de N. a S., desde el cruce del río Huerva con la carretera de Daroca a Cariñena (Zaragoza) hasta la orilla del río Martín que la separa de la sierra de Sant Just (Teruel). Sus estribaciones occidentales forman parte de la vertiente E. del río y valle del Jiloca. En las laderas de levante nacen los ríos Almonacid y Aguas, y en la poniente el río Huerva que se dirige al N. y el río Pancrudo que afluye al Jiloca
".

* MADOZ, Pascual, Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar, Madrid 1845-1850 (Tomo: Teruel), Ambito Ediciones, S.A., Valladolid, 1986 (Edición facsímil).

El autor de este monumental Diccionario Geográfico..., y en las páginas 100 y 101 del tomo sobre Teruel, escribió literalmente:

"Cucalón: lugar con ayuntamiento en la provincia de Teruel (14 leguas), partido judicial y administración de rentas de Calamocha (3), audiencia territorial, capitanía general y diócesis de Zaragoza (12): situado sobre el llano de una colina, con clima frío propenso a catarros y dolores reumáticos, en el verano a tifoideas: tiene 74 casas inclusa la municipal; iglesia parroquial (Santiago Apóstol), con una torre de construcción antigua llamada la Atalaya, por descubrirse desde ella todo el campo Romanos. En sus afueras, y a poca distancia, hay una ermita de hermosa construcción dedicada a Sta. Ana, y a una hora las de San Lorenzo y S. Bartolomé, situadas en un hondo que apenas penetran los vientos, y distantes entre sí media legua; ambas son los restos de dos desgraciados pueblos que apenas se descubren sus ruinas; dentro de la población hay una balsa de la que se surten los vecinos, y cuyas aguas son escelentes. Confina el término por N. con el de Lanzuela; E. con Badenas y Collado, S. con Ferreruela, y O. con Villahermosa. El terreno es de buena calidad, y en particular el de las dichas ermitas; bañan su término el r. Huerba (de que no se utilizan), y tiene un puente de piedra en el camino de Daroca y el llamado en su origen San Lorenzo, luego Cucalón y después Lanzuela cuyas vegas riega; sus montes se hallan al SE. poblados de carrascas y rebollos: cruza el término el camino de Daroca: el correo se recibe de Calamocha por el conductor de Lanzuela. Produce: trigo puro y morcacho, centeno, judías, cáñamo, patatas, verduras, cebada, lentejas, garbanzos y habas; cría ganado lanar y cabrio; caza de perdices, conejos y liebres, pesca de madrillas y cangrejos. Industria: un batán y dos molinos harineros. Población: 82 vecinos, 330 almas. Capital imponible: 38,500 reales. Presupuesto municipal 3.940 rs. que se cubren con las rentas de propios".

* MONTAL MONTESA, Rafael, "El pan y su influencia en Aragón", Cuadernos de Aragón, número 24, Zaragoza, 1997, pp. 93-196.

El autor de este extenso artículo sobre el pan, nos transmite su historia a lo largo de los tiempos, con sus correspondientes curiosidades en anécdotas y refranes, su influencia en el arte y la literatura con ejemplos de poemas en los que aparece, los ritos y costumbres en torno al pan, para finalizar con una relación de los distintos tipos que se cocían en Aragón.
Del capítulo correspondiente a los molinos y molineros y en la página 113, copiamos literalmente:


"CONOCIENDO DE CERCA UN MOLINO Y UN HORNO.- Un día moliendo en Cucalón.
De la misma manera que el refrán dice 'agua pasada no mueve molino' tampoco épocas lejanas pueden volver a cobrar vida real, pero sí recordar escenas junto a uno de los últimos molineros de Cucalón (Teruel) un día cualquiera moliendo trigo.
Mucho se conoce sobre los molinos de agua pero no tanto de los entresijos de la profesión y de cómo poner en funcionamiento las herramientas de trabajo más fundamentales como son las piedras de moler.
Joaquín López Crespo, artesano ejemplar de la molinería desde 1940, cuando Cucalón contaba con más de 170 familias, hasta 1960, ha sido mi contertulio para ir descubriendo algo más que la pura técnica, ahondando en pequeñas cosas no relatadas en publicaciones por entender ser menos interesantes para el lector.
La realidad es que conversar con Joaquín, hijo de otros famosos molineros de Teruel y provincia, la familia López Royo, no ha sido difícil; desde principio a fin la amabilidad y las ganas de complacer han estado presentes conociendo a través de sus frases elocuentes muchos secretos para mí desconocidos.
Un día normal de los comprendidos entre los meses de Diciembre a Marzo, me aclara Joaquín, era de un trabajo continuo, durante las 24 horas del día no se descansaba, ya que los caudales de agua eran lo suficientemente importantes para no dejar de moler. El trabajo se hacía distinto el resto del año, donde generalmente solo se molía de 6 a 8 de la mañana y de 6 a 8 de la tarde, tiempo que duraba el vaciado de las balsas de agua.
El molino situado en las afueras del pueblo, lo regentaban los miembros de una misma familia en régimen de alquiler, satisfaciendo la cantidad de 300 pesetas en los años cuarenta. El número de clientes que visitaban el molino era de 20 personas aproximadamente cobrando el molinero por realizar el trabajo de moler bien cuatro kilos de grano por saco de 70 Kg o cuatro pesetas por saco, fórmula comercial menos frecuente.
Mi desconocimiento me llevó a preguntarle que cuántas clases de grano podían triturarse en un molino, a lo que rápidamente me contestó que él había llegado a moler más de diez clases distintas. Una a una fue describiéndomelas como a continuación quedan reflejadas:

Trigo: para elaborar pan.
Garbanzos: para alimento de personas.
Maiz blanco: para cocinar las gachas.
Centeno: para alimento de personas y cerdos.
Almorta: para alimento de personas y cerdos.
Avena: para alimento de cerdos.
Cebada para alimento de cerdos.
Guijones: para alimento de cerdos.
Yeros: para alimento de ganado vacuno.
Braza: para alimento de ganado vacuno.
Lenteja negra: para alimento de ganado vacuno.

Un alto en el camino sirvió a Joaquín para reflexionar y seguir explicándome que cada dos horas de molienda se conseguía aproximadamente 350 Kg. de harina, que en el caso del trigo seguidamente había que cernerlo.
Pero si un trabajo, puntualiza Joaquín, tenía gran importancia era el cuidado de las piedras, siempre tenían que estar bien 'picadas'; estando 'vivas' el trabajo se hacía más fácil y la molienda proporcionaba mejores resultados. Dos piedras constituían la, nunca mejor dicho, piedra filosofal de un molino, una la inferior situada encima de la bancada llamada 'bajera' o 'solera' y la superior 'volandera', ambas con un diámetro de 1,3 metros y un grosor de 40 centímetros. Estas piedras divididas en 16 partes proporcionales procedían de Francia, país que había alcanzado la supremacía por la calidad que dotaba a las piedras de molinería. Cada piedra estaba formada de tres partes iguales unidas entre sí por una disolución de azufre, composición que facilitaba un pegamento muy fuerte y seguro. Su parte exterior se la conocía por el nombre de 'moliente', la intermedia 'pecho' y la interior 'entrepecho'.
Para desplazar la piedra 'voladora', con un peso de 1000 Kg, y proceder a su limpieza se servía de una grúa rudimentaria pero eficaz llamada 'cabria' ayudada de unas piezas metálicas en forma de medias lunas, a la que no le suponía ningún esfuerzo el darle la vuelta.
El acto más fundamental antes de comenzar la molienda, como anteriormente se ha descrito, consistía en tener bien picada la piedra, de aquí dependía realizar un trabajo más cómodo, obteniéndose al mismo tiempo resultados más beneficiosos tanto para el cliente como para el molinero; el primero recibía una harina tan bien molida que rebosaba de sus sacas y el molinero, por su parte, rentabilizaba más su negocio.
El trigo de mejor calidad, que no era muy abundante en la provincia de Teruel, cuando lo llevaba a moler el astuto molinero y no pícaro solía mezclarlo con 5 litros de agua por cada saco, dejándolo en reposo por un período de dos días, a este proceso se le llama 'rosarlo'. En el momento de la trituración con esta pequeña, pero gran habilidad, se conseguía una harina de primerísima calidad, su esponjosidad llenaba de satisfacción al cliente mientras el molinero, sin considerarse un pequeño pecador, se hacía con cinco kilos de grano de más sin perjudicar al fiel consumidor.
El proceso de picar la piedra estaba rodeado de todo un minucioso ritual, se comenzaba por extender una maceta provista de una cuchilla llamada 'piqueta', picarla dejando los dibujos de la piedra en canto vivo y lo más profundos posible. Para el pecho y entrepecho se volvía a repetir el mismo trabajo con la diferencia de utilizar reglas de menores dimensiones, picándolas con un pico de molinería.
En los meses de más trabajo cuando el molino no descansaba durante las 24 horas del día, precisa Joaquín, que por lo menos cada seis días tenían que picarse sus piedras para que todo funcionara a la perfección, en períodos normales sólo era necesario cada quince días.
Un fuerte abrazo fue el emblema de nuestra despedida, Joaquín me confesó sentirse orgulloso de haberme podido complacer, yo por mi parte me sentía dichoso por haber tenido la oportunidad de conocer un poquito más sobre un tema tan apasionante
".

* Nomenclátor de las ciudades, villas, lugares, aldeas y demas entidades de población de España formado por la Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico con referencia al 31 de diciembre de 1900, Madrid, 1904.

En este censo correspondiente al último día del año 1900, en Entidades de Población, figura la siguiente ficha:

Cucalón

Edificios habitados: 117
Accidentalmente Inhabitados: 22
Inhabitados: 2
De un piso: 13
De dos pisos: 107
De tres o más pisos: 21
Albergues, cuevas, chozas: 10
Total edificios: 151
Población
De hecho: 504
De derecho: 520

En grupos inferiores, inhabitables y edificios diseminados, cuya distancia excede de 500 metros.

Edificios habitados: 1
Accidentalmente Inhabitados: 2
Inhabitados: 33
De un piso: 29
De dos pisos: 7
De tres o más pisos: 0
Albergues, cuevas, chozas: 50
Total edificios: 86
Población
De hecho: 4
De derecho: 5

* ZAPATER GIL, Alfonso, Aragón pueblo a pueblo, Tomo IV, Aguaviva, Zaragoza, 1986.

En esta obra, descripción de todos los pueblos de Aragón, se asignan a Cucalón 133 habitantes, una altitud de 1.034 m. y el gentilicio de cucalonero.
Se hace mención a la iglesia, indicando que es de nueva edificación sobre otra derruida del siglo XVII, que probablemente fue una fortaleza de los siglos XV o XVI, pues la torre de cantería, llamada la Atalaya, con terraza almenada, parece ser la torre de un antiguo castillo. Se conserva una imagen de la Virgen y el Niño del siglo XVI, un Cristo de gran tamaño y un crucifijo pequeño del XVII.
Asimismo, menciona la ermita de Santa Ana diciendo que es de estilo barroco, de manpostería, de una nave cubierta con bóveda de medio cañón, con lunetas y cúpula con linterna en el crucero. Tiene interesantes retablos barrocos y rococós de los siglos XVII y XVIII.
Como hijos ilustres, cita a Fray Bartolomé Molinos, agustino, que alcanzó la dignidad de prior, escritor de bien cortada pluma y a fray Bartolomé San Pedro, agustino también, teólogo, astrólogo y escritor.

 


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Cucalón: vista de la iglesia desde el lavadero público.