Unos
8.000 soldados de arcilla, de tamaño natural y en formación
de batalla, acompañaron a la tumba, junto con miles de concubinas
y otros siervos de carne y hueso, al autoproclamado primer emperador
de la China unificada, Qin Shihuang (221 adC al 210 adC).
Todas las figuras, originalmente policromadas, han perdido casi todo
su color, por lo que se ha detenido la excavación hasta disponer
de técnicas adecuadas para su conservación.
Cada soldado es único, con su rostro, manos y expresión
propia. Los hay de diferente rango militar, diferente etnia y diferentes
estaturas, aunque estas últimas están sobredimensionadas.
El aspecto de los soldados, y especialmente de los cuadros de mando,
es demasiado atlético y perfeccionista; esto se comprende fácilmente
sabiendo que en el caso de que las estatuas no fuesen del agrado del
emperador o de los supervisores del trabajo, los artesanos eran ejecutados.
Cada soldado llevaba en la mano sus armas correspondientes, si bien
fueron robadas masivamente en un alzamiento popular contra el emperador
posterior.











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