Puede que la ciudad de Shanghai sea la que mejor represente el despertar
de China. Es una gran bestia que día a día devora y alimenta
a 14 millones de seres que aparentan tener claro su próximo destino.
Abierta
a todo, engulle, e incluso parece que diegere, cuanto encuentra a su
alcance en oriente y occidente. Y lo utiliza para nacer y crecer con
una fuerte personalidad propia que obliga al estremecimiento. Palabras
como crisol o fusión pudieron haber sido inventadas en tan pintoresco
espacio.










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