Estas
páginas son un pequeño reflejo de la visión particular
y sesgada que pude obtener en una rápida visita turística
a China realizada en el verano de 2006.
Todo
empezó aquí (... y con estos compañeros de periplo),
en la recién inaugurada terminal 4 del areopuero de Barajas,
donde unos días despés, tras el regreso, algo había
cambiado en mi mente. Muchas de las preconcepciones que tenía
antes de salir se habían confirmado, pero había dos de
las más arraigadas que se habían caído por los
suelos:
1.-
Los chinos, lejos de ser austeros e introvertidos (tanto desde el punto
de vista individual como racial), tienen un caráctar muy alegre
y extrovertido, y les encanta relacionarse con otras gentes.
2.-
Más lejos aún de ser trabajadores, son muy propensos a
la inactividad, la vagancia y el escaqueo. No obstante, esto no está
reñido con la paciencia y la "numerosidad", cualidades
de las que procede su merecida fama.
Otra
idea se vino conmigo, el gran gigante dormido está despertando,
y más vale que lo haga poco a poco, porque como lo haga bruscamente,
toda la tierra va a temblar. Actualmente hay del orden de mil millones
de campesinos sumidos en la más absoluta pobreza (literalmente,
se encuentran en pleno neolítico), de los que unos trescientos
millones (más que toda la población estadounidense) está
en paro.
Por
lo demás, gentes fascinantes, paisajes fascinantes y,..., ganas
de volver algún día.


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