CERBÓN Y SUS GENTES
¿Te gustaría dejar de fumar?

CONTENIDOS

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La iglesia
(Silvia Calvo)

Peña
(Patricia Herrero)

Llegar a Cerbón
(Beatriz Marqués)

Una pasada
(Luis Ángel Marqués)

Vistas 3D
(Luis Ángel Marqués)

El Horno
(Beatriz Marqués)

Apuntes históricos
(Varias colaboraciones)

Arquitectura histórica
(Francisco Javier Jiménez)

Usos y costubres (La Fiesta)
Familia Calvo - Herrero

Maqueta de la Iglesia
(Oscar Herrero)

Juegos de antes
(Santos Marqués)

La matanza
(Beatriz Marqués)

Colaboraciones

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USOS Y COSTUMBRES


La historia nos va demostrando que un pueblo no son unas calles, ni unas plazas ni siquiera un conjunto de vecinos. Un pueblo mucho más, son maneras de vivir, usos y costumbres que le dan identidad y lo distinguen de otros. Por eso creo que es importante recuperar un poco la historia de Cerbón, no la que está escrita en documentos de dudoso paradero sino la que queda en la memoria de nuestros padres y abuelos para que nuestros hijos y nietos conozcan cómo se vive y se vivía en este pueblo soriano del que nos sentimos tan orgullosos.

Me gustaría que entre todos podamos reconstruir nuestro pasado repasando distintas tradiciones carboneras para que no caigan en el olvido. Podía comenzar este repaso de nuestra historia más reciente por el primer mes del año y así hacer un seguimiento de los usos y costumbres cerboneros mes a mes, pero como estamos en vísperas de fiestas voy a empezar precisamente por ahí, por relatar cómo celebramos y cómo se celebraban los festejos de la Virgen del Rosario.

Siempre he creído que si hay algo que une a jóvenes y mayores en Cerbón son las fiestas de la patrona del pueblo. Desde que era pequeña espero con ilusión la llegada de estas fechas donde todos los vecinos nos preparamos para celebrar unos días de diversión. Aunque las fiestas duran cuatro días, los preparativos comienzan mucho antes y es entonces cuando todo el mundo se esfuerza para que no falte ni un detalle. Las mujeres recogen las flores con las que decorarán la iglesia, y las mayordomas preparan con esmero los manteles del altar para que el templo esté impecable. Los niños y los jóvenes buscamos local para hacer las peñas y los mozos se encargan de que en el bar no falte de nada para servir a todo el que se acerque a celebrar con nosotros nuestras fiestas.

Los festejos comienzan el viernes con el pregón que da el alcalde desde el ayuntamiento. Después se hace un recorrido por las peñas del pueblo, la de los niños, jóvenes de distintas edades y la de los mozos donde el resto de los vecinos degusta el típico remojón (bebida hecha con vino, azúcar y melocotón). Por la noche una orquesta ameniza el baile en el frontón.

El sábado es el gran día, por la mañana los mozos bandean las campanas y se saca a la Virgen en procesión por todas las calles. Durante este recorrido son hombres quienes llevan la imagen a hombros pero antes de meterla de nuevo en la iglesia se paran en la puerta de la y pasan la Virgen a las mujeres que quieren hacer una ofrenda, luego se devuelve la imagen a su altar. Por la tarde los niños disfrutan con los juegos populares y con la verbena. Además se hacen competiciones de guiñote por parejas con premio para los ganadores.

El domingo se celebra la recogida de las rosquillas que consiste en ir por todas las casas con un balde recogiendo y tomando galletas y moscatel que han preparado las mujeres. Por la tarde en el frontón suele haber algún espectáculo tradicional: jotas castellanas, gaiteros…Y por la noche más baile.

El lunes para cerrar los festejos se celebra una comida popular seguida por un partido de fútbol de solteros contra casados y una chocolatada.

Hace unos años

Sería de ilusos pensar que allá por los años 60, cuando mis padres eran unos chavales, las fiestas se celebraban igual que ahora. En aquella época el pueblo estaba lleno de gente todo el año, en la escuela muchos niños iban a clase o a la academia de Fuentes y compaginaban los estudios con las tareas del campo, la casa y los animales. El día a día no era fácil para nadie en una época en la que no había tanta abundancia de comida como ahora, ni por supuesto todas las comodidades a las que estamos acostumbrados. El trabajo ocupaba todo el día, a penas había tiempo de ocio para nadie, eran demasiadas cosas que hacer y hombres, mujeres y niños se esforzaban para salir adelante. Con este panorama podemos hacernos a la idea de lo que significaban las fiestas, por unos días se olvidaban de sus obligaciones y disfrutaban con los escasos medios que había por aquel entonces pero con la misma ilusión que ahora.

En aquella época se no se celebraban en agosto sino el día de la Virgen del Rosario que era el día 7 de octubre, pero como coincidían con las fiestas de otros pueblos se cambió al 16 y 17 de septiembre porque para entonces ya se había acabado con todas las faenas de la siega y trilla de la mies. Con el tiempo esta fecha se volvió a cambiar porque en agosto, con motivo de las vacaciones, había más gente en el pueblo así que quedó instaurada la fiesta el tercer domingo de ese mes.
La víspera de la fiesta se celebraba de manera distinta a la de ahora, ya por la tarde los mozos tocaban las campanas de la iglesia para anunciar los festejos, algo que esperaban todos los vecinos con gran emoción. Las mayordomas elegían entre sus familiares a aquéllos que las ayudarían a adornar la iglesia y preparar a la Virgen para sacarla el día grande de procesión. A media tarde, los muchachos recogían troncos de leña por todas las casas y se hacía una gran hoguera en la plaza del ayuntamiento donde se reunía todo el pueblo.
Entre las familias era costumbre matar ese día un cordero, esto lo hacían los hombres mientras que las mujeres iban a lavar los menudillos del animal al barranco. Aquella noche era típico cenar patorrillo, madejillas, fritada y la asadurilla del cordero

Al día siguiente la fiesta empezaba desde por la mañana, venían los músicos que daban una ronda por el pueblo antes de ir misa y luego acompañaban a la procesión por todas las calles de Cerbón. De fondo se escuchaban las campanas porque los mozos se subían al campanario y las volteaban durante todo el recorrido. Los niños estaban deseando que se pasara la misa y la procesión porque después en el juego de pelota ya les esperaba el "Piturro" que bajaba de Fuentes de Magaña con su carrito, lleno de chucherías y llevaba unas carabinas de tirar con perdigón para conseguir regalos, era como en las tómbolas y se sacaban los llamados chicles bazoca, chiflos, y escopetillas de juguete. Cuando se acababan las fiestas, los niños iban a dar vueltas por el frontón por si se había quedado algo perdido que se pudiera aprovechar aunque casi todo lo que quedaba por el suelo estaba roto. Por la tarde y por la noche también había música para amenizar la velada. El día después, igual hace unos años que ahora, nos deja un poco tristes pero con la ilusión de volver a disfrutar de las fiestas al año que viene.

Textos: Silvia Calvo Herrero, José Luis Calvo Martínez y Mª Ángeles Herrero Zamora.