UN RITO AL FIN DE LA RECOLECCIÓN
Pero hoy ya no se recuerda aquel recreo que, como habitual, nacía tras una labor terminada por un grupo de trabajadores, como es la recogida de la cosecha. Porque algunas manifestaciones populares van ahogándose en el olvido a causa de las distintas circunstancias laborales habidas años ha y las actuales.
Uno de aquellos usos rituales consistía en que una vez terminada
la recolección de la cosecha se formaba de inmediato, a manera
de entretenimiento obligado por la costumbre, una carrera a pie entre
los mozos que habían dado fin a su labor agrícola, conocida
por la corrida, antes de dar comienzo al baile como postre
del refrigerio previsto para repararla fuerzas debilitadas en la tarea
recolectora de frutos.
Para esta carrera pedestre y campesina se señala el campo
de la contienda. En uno de sus extremos queda fijada la meta con los llamados
teyos, o señales que, a manera de finsos, ofrecen
a los contendientes la entrada al triunfo.
En las inmediaciones, el bullicio de las mozas preparando las viandas acostumbradas;
vieyos y vieyes y los neños trebeyando con
alboroto incómodo. Allí están para el banquete bajo la
arboleda, a buen recaudo de la chiquillería, la lleche presa,
el bollu preñau, rosquillas, higos y otros mil deleites
de boca con que regalarse terminada la función y, en lugar más
frió, la cuayada fresca para el vencedor.
En el otro extremo de la palestra se hallan los mozos dispuestos, ligeros de ropa, para no verse embarazados por el vestido; remangados los unos, sin camisa los otros; descalzos y en piernas; en fin, privados de todo aquello que a su juicio fuere estorbo para lograr su buena fortuna.
Dispuestos ya en la salida y dada la señal del comienzo de la carrera,
con la grita de ¡rey el primeru y el último un gochu!,
surten como rayos y comienzan a correr entre la polvorienta nube levantada,
con empeño tal como su vida dependiera de ello. Y digo bien, pues opinión
común es de jurisperitos que el honor, la honra y la vida son equiparables.
Allí, las voces de la runfla alborozada, palabras de aliento y ánimo
a los preferidos por cada facción, algarabía total y, al cabo,
pasión desatada de todos los presentes.
Mas las preocupaciones de cada uno de los contendientes en la corrida son dos: la una, llegar el primero, con el fin de ser proclamado el rey de la corrida, para gustar el sabor secreto, intimo y misterioso de saberse admirado. Lo otra, no llegar el último, con el fin de evitar el vituperio de ser apellidado el gochu, segregado del resto, hazmerreír de todos y zaherido sin piedad de palabra y obra.
Llega el primero de los contendientes a los teyos rendido por
el esfuerzo, enmascarado por el polvo, los pies desechos y el corazón
saltando, con la alegría de considerarse ya proclamado el rey,
supremo galardón que ha de disfrutar un año hasta la próxima
estaya y gozoso de mostrarse ante los suyos campeando su buena
estrella.
Tras el primero pasan los teyos el resto de los mozos, pero
ya los que fueron animadores se convierten en crueles verdugos para el
último, que se precipitan hacia él, comenzando su sacrificio,
Es el gochudel año, que ha de soportar de buen o mal
grado las iras de todos. Segregado, procura huir.
Sabía las leyes del juego y las aceptó. Sabe también
que, pasada una temporada, el sarcasmo y la ironía serán
las únicas molestias, como también que, favorecido por la
fortuna, puede ser rey en la próxima estaya,
entretanto que el que hoy fue proclamado rey puede ser el
próximo gochu.
En cuanto al tiempo de vigencia de esta costumbre de la corrida y lugares donde se usaba, algo puede vislumbrarse. Basta un muestreo. Cuando Caveda, nacido en Villaviciosa en 1796, publica la vida en la aldea en 1839, la de por entonces vigente aún , si bien describe parte de la costumbre pero no entera, porque lo del gochu,o ya era para él un recuerdo, aunque en otros lugares se usara, o bien pudo omitirlo propter honestitatem,

por ser tan dados entonces a suprimir de la memoria escrita toda aquella costumbre bárbara según parece, y poder así presentar un panorama idílico exento de la rudeza propia de los tiempos, con el fin de emitir una imagen ideal adecuada a sus delicados sentimientos, a normas literiadas y a los gustos por las irrealidades sociales, pues la verdad heriría a los señores de las ciudades.
Vigón en sus juegos de 1895, recoge íntegramente lo de Caveda, pero añade una noticia expresa significativa que es este juego gimnico usado en casi todos los concejos de la marina de Asturias . Y sigue mencionando a Caro en sus Días geniales con mayor o menor acierto.
"Bellmunt y Canella, en su trabajo De vita et
muribus, de 1900, ya dan la costumbre por pedida al decir que antes
se verificaba la corrida, una vez terminada la coída
de los frutos.
Hasta aquí los costumbristas oficiales.
Por los años 40 narraba sus recuerdos Manin de Selmo, en Cabueñes,
nonagenario de memoria prodigiosa que gustaba contar la vida de entonces,
de sus padres y abuelos, y él sabía la versión entera
que hoy se da a conocer. Costumbre que llegó a ser para los chicos,
que más tarde jugaron en cualquier lugar, Como Manín hubo otros.
LA CUESTION DE SER EL GOCHU
Lo de llamar gochu al último de una carrera lo conservan aún hoy los niños el último un gochu, dicen, y corren todos como desesperados. En el folklore infantil se conservan con gran frecuencia usos que fueron juegos de mayores. Un recuerdo del siglo XVII lo trae Gracián en El Criticón III-3, pero dicho con honestidad en la frase: necio el postrero. Antaño se motejaba parecido, pues Festo en su De verborum, escribe: Muger dici solet a castrensibus hominibus, quasi noccosus is, qui talis male ludit. Y muger recueda mugire, la voz nasal del cerdo y otro animal, aunque tanto monte como el desapacible ruido del sonarse las narices: De ahí el gracioso equívoco de mocoso, niño, migitor, otros y el dicho.
COMPARACIONES
En algunos concejos asturianos, hasta no hace mucho, al último que salla el maíz le colocan en aquella su tierra de espantajo llamado la muyerona; en otros dicen el Homón, como registra, entre otros, Neira.
Sobre el teyu" discurre Cabal largamente en
el individuo. En repertorios naciones se hallaran noticias
para el ibérico. El que quiera comparar con costumbres europeas
puede serle útil La rama dorada, de Frazer. Otros ya
están mencionados en el texto, y muchos con amplia bibliografía.
Sólo añadiré que el prejuicio de una arcadia feliz
indujo a no mencionar lo pretendientemente deshonesto, tanto
ha sido la fuerza del beatus ille que cegó a muchos.
El porqué del rey y el gochu es cuestión
aparte.
Luis Argüelles
Publicado en El Comercio el 01/11/1981