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Al Gabinete de estudios etnográficos
Entre los ejercicios que consisten en derribar algún mojoncillo por el jugador de turno se hallan multitud de ellos en el acervo cultural de los infantiles que se conservan con rara persistencia.
La observación de juegos infantiles no debería menospreciarse. Si se posee un empeño de una curiosidad retrospectiva nos hallaremos con una muy interesante pesquisa que nos conducirá a culturas psadas, las cuales nos obligarán a deternernos con sorpresa y curiosidad.
EL CACÓN


Un juego infantil que desaparece de Asturias

EL JUEGO LLAMADO EL CACÓN

El juego llamado, entre otras denominaciones "el cacón" en Asturias es aún diversión infantil, que si no está totalmente extinguido, ciertamente se halla en el camino de la desaparición, a causa de la pérdida del sentido de una cultura impregnada de ruralidad agrícola hoy más acusada por el crecimiento de las cuidades y su influencia en todos los espacios; como también por la ruptura sofocante que supone la uniformidad de la masificación, como, asimismo, por la industrialización en serie de juguetes y diversiones de pequeños en oferta continuada e insistente que busca un mercado de consumo forzado.

. Las legiones romanas difundieron estos juegos con sus conquistas.
.Oribaso de Pérgamo ya describia juegos de este género hace 2.200 años.
COMO SE JUEGA

Los muchachos en Asturias se juegan aún sus golosinas con el entretenimiento de "el cacón": suerte de competición que gana quien abate de un solo golpe el mayor número de montoncitos de nueces y otra chuchería.
Cuando juegan sus nueces (en otros lugares almendras, avellanas, canicas o banzones) coloca cada uno de los jugadores su "cacón", que no es más ue un montón conformado como pirámide, cuya base son tres y su cúspide una.
Así que cada muchacho apuesta cuatro de las suyas colocándolas en el suelo, formando entre otros una fila o "riglera de cacones!, separados generalmente un "xeme", una "guilga" o un "cuartu", esto es: la distancia que hay desde el dedo pulgar a la del dedo índice o tambíen meñique, separado el uno del otro todo lo posible, dicho también "palmo".
Una vez echadas las suertes para saber cual ha de ser el orden que les corresponde para tirar, comienza la "partida".
Y cada uno de ellos lanza su "briche": nuez, en este caso que , por su peso y dimensiones, le parece al muchacho que "tien cuerpu pa ello", es decir que reúne las condiciones necesarias para derribar el "cacón".

Lo normal es que cada muchacho "tire un tras otru" su "briche".

Los "cacones" según van derribándose no se reponen, sino que el resto entra en juego hasta que se acaba el último.
Los contendientes procuran arruinar, al menos, uno de los "cacones" para "librar" y , así, de momento, no pierden su percioso tesoro.
Lo esencial es que el "cacón" se descomponga. El "briche" puede "picalu" o tocarlo sin deshacerlo, o bien pasar "raspiando" o rozarlo; pero sólo es válido si el "cacón se desborona".

SU UNIVERSALIDAD

El juego aquí llamado "cacón" llegó a ser común en Europa entre pequeños que vinieron a ser los beneficiarios de culturas anteriores.
Una representación preciosa de este deporte fue plasmada en el año de 1650 por Pieter Brueghel el Viejo, en su óleo sobre tabla llamado "Juego de niños", conservado en el Kunsthistorisches Museum, de Viene, en el que el artista figura tres infantiles jugando con los "cacones" en su correspondiente "ringlera" y uno de ellos con el "biche" en la mano dispuesto a lanzarlo.

En el siglo XVII parece que en España recibía tambíen el nombre de "Juegos de las cuadernas", según Caro (Días-III), mas en el sentido en que lo utiliza dicho autor, afirma Etienvre, en 1978 (Anotaciones), que "cuaderna" no se registra en ninguno de los léxicos. En el texto de Caro el "cacón" está formado por almendras.

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Y en Asturias se recoge hasta bien recientemente este deporte del que pueden mencionarse algunos ejemplos a saber:
Vigón, en 1895, (Juegos-IV) registra para Colunga la denominación de "cacón" y en 1896 (Vocabulario) recoge la de "calamiyón" para Priesca. Castellano registra el mismo juego como "carapiello", en 1957 (Vocabulario bable Occid.) para el poniente asturiano, donde los frutos son avellanas. Y para Gijón, se anotan "montoninos", con frutos o canicas, y por San Martín de Gurullés con "banzones",.....
Y volviendo a sumergirnos en el mundo retrospectivo, hallamos la consabida elegía atribuida a Ovidio sobre la nuez, que a través de catorce versos nos conduce al mundo grecolatino de los distintos juegos con nueces, entre ellos el "cacón", en el segundo dístico; "Quattuor in nucibus... cum sibi suppossitis additur una tribus".

Y es fama que el mismo Cesar Augusto no menospreciaba, según Suetonio (august_II), jugar "al cacón" con los pequeñuelos: ".... nucibus ludebat cum pueris minutis....".

Y Oribaso de Pérgamo describe cierto género de juego que practicaban los ancianos, "laxandi causa", tirando bolas, rodeados de escolares en el "ginmasium" hacia el 300 antes de Cristo.

Por fin añadiré que las legiones romanas difundieron las distintas especies de juegos con bolas o similares por la ancha Europa, origen de los muchos que aún se parctican.

En cuanto a la denominación de "el cacón" para el juego descripto lo escogí por presentar la particularidad por ser vocablo que no posee homógrafos ni homófonos que lleven a confusiones en los textos que traten de entretenimientos de esta especie en Asturias, al menos.

Luis Argüelles
publicado el 03/01/1982
en EL COMERCIO

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