LA
FLAUTA DE CANILLA
UN INSTRUMENTO POPULAR TOTALMENTE OLVIDADO
Por
Luis Argüelles
Si
entre los tubos que para la construcción de flautas ofrece el
reino vegetal se registran la corteza de árbol, el saúco,
o bien la cañavera, también el reino animal dispone de
tubos rectos para flautas procedentes, generalmente, de huesos de mamíferos,
como también curvos como los cuernos, o bien caracolas marinas
para otros instrumentos.
El
preferido aquí para estas flautas construidas con hueso, según
parece, es el procedente de una pata delantera de cabra o cordero.
Dijeron los latinos tibia, que recuerda tubo y que en romance parece
caña y más fácil canilla.Por eso aquéllos
pudieron decir tibiam inflare, tibia canere, o bien tibia utricularis
por gaita de odre.
Naturalmente que tibia llegó a significar, por lo general, lo
que en español decimos, por lo común, flauta, aunque en
una y otra lengua haya algún equívoco que el contexto
aclararía en su caso, ya que, en principio, tanto tibia como
canilla, en una y otra lengua, para la nomenclatura musical pudiera
valer tan sólo como tubo en significado genérico.
Bien es cierto que los naturales de este país donde escribo no
mencionan el vocablo tibia, harto anatómico y clásico,
sino que con un güesu de pata les basta.
Y por ser entero el hueso, tal como se obtiene, y no tallado en torno
ni en partes injertadas, se dicen flautas de canilla por estar construida
con ella. Pues canillas, referido a huesos, no son más que los
largos de las piernas y los brazos en el hombre, como también
las de las patas de los animales. Concepto éste común
castizo y recogido por la Academia.
Estas flautas verdaderas construidas de un hueso largo, procedente de
pata de animal, fueron comunes en muchos pueblos y no sólo en
la cultura europea, sino en otras distantes y sin relación aparente,
como en las americanas.
Antaño, en Asturias, cosa común debieron ser, más
por razones aún no suficientemente probadas, fueron desechándose
en beneficio de las rectas vegetales. Tal vez su retraimiento pudo haber
sido la sospecha de heterodoxia debido al aprovechamiento supersticioso
de las facultades del ser a quien perteneció, o bien el aparente
mal gusto que supondría llevar un hueso a los labios sin
que valiera la consideración, aunque tardía, de la candidez
del buen salvaje, en su caso, o ya por alguna calificación
negativa.
No
obstante, en las zonas de Cangas de Onís y limítrofes,
así como por Siero y colindantes, hasta nuestros días
se construyeron (según resultado del muestreo), recibiendo allá
el nombre de faluta y aquí el de xiblata. Pero en el concejo
de Gijón, aún por los años cuarenta últimos,
viéronse tañidas por mendicantes que ejercía su
cuestación por los merenderos del Piles y otro tanto podría
decirse por Oviedo y Avilés.
SU
CONSTRUCCIÓN
Según
los informantes José Blanco, de Sariego y José Ramón
Crespo, de Gamonedo, que demostraron tener mayor conocimiento sobre
el particular por hacerlas siendo jóvenes y haberlas visto construir
a sus mayores, puede afirmarse que las hacían, preferentemente,
con el hueso de pata delantera de cabra o cordero.
Provistos del hueso, algunos seccionaban los extremos, obteniendo así
un cilindro. Otros, por el contrario, lo conservaban entero, contentándose
con perforar los extremos. Limpio el tuétano, lo asoleaban para
que se secara bien y no oliera mal posteriormente. Practicaban un corte
en bisel a un extremo de la canilla y el hueco del hueso lo tapaban
con cera, dejando una vía al soplo para que xiblara.
Otros ponían un maderín cuidando dejar la
necesaria vía.
Una vez hecho lo anterior, se practicaban los agujeros en número
de cuatro o cinco, siguiendo una línea recta que parte del bisel.
Se templaba como de costumbre, de oreya, probando y aumentando
el diámetro de los agujeros hasta lograr el son apetecido.
Y he aquí la flauta de canilla terminada.
Esta flauta de canilla de cabra no ha sido entre los instrumentos populares,
al menos en estas regiones, mimados por la fortuna, habiéndose
en la actualidad prácticamente perdido, no sólo su uso,
sino la práctica de su construcción.
Mas, a pesar de todo, este instrumento podría recuperarse para
bailes y danzas del país, como se ha hacho con la gaita
de Següenco, de semejante digitación y
así sustituir, hasta donde se pueda, las dulces de importación
comercializadas y construidas en serie, extrañas al folklore
de esta y otras regiones, no sólo por su intensidad, sino por
su tono y timbre.
Publicado
en EL COMERCIO
1982