LAS TARRAÑUELAS.
UN INSTRUMENTO OLVIDADO
Al referirnos hoy al instrumento que nos entretiene se ha planteado un problema
de denominación, bastante corriente al tratar toda clase de instrumentos
músicos populares.
Lo que denominaos tarrañuelas, son conocidas por otros nombres como Pitos o Castañuelas y se desecharon estos últimos, no porque sean menos utilizados, sino porque nos inclinan hacia una imagen mental de otros instrumentos musicales más usuales en la actualidad. Del mismo modo, se confunden las Tarrañuelas con otros instrumentos de características similares como son las Tejoletas de las que hablaremos en otro momento.

Son las Tarrañuelas un instrumento musical de percusión que
consta de dos tablitas de madera de poco grosor y dura, de unos quince centímetros
de largo, más estrechas por su extremo superior.
Se colocaban las dos piezas en la mano separándolas por el dedo corazón
y se agitaban para percutirlas.
Su forma variaba dependiendo del ingenio popular y del arte del constructor y había quién les daba forma redondeada o las quemaba con un gancho de cocina al rojo para endurecer la madera y decorarlas. Más tarde comenzaron a aplicarles unas chapitas de botella en la parte inferior para conseguir un sonido metálico.
Cayeron en desuso, fueron olvidadas, y con el paso del tiempo se convirtieron en crepitáculo infantil y de comparsa de antroxu.
UN AGUINALDO SONORO
Con Tarrañuelas en la mano, panderetas, ollas y un sin fin de instrumentos
caseros, pues todo servía si hacía mucho ruido, salían
las pandillas de niños a exigir, más que a pedir, el Aguinaldo
en las fiestas navideñas.
Se reunían los amigos, se distribuían los trabajos y marchaban
con la pandorga en busca de vecinos generosos reconocedores de su arte. Se
acercaban a una casa y gritaban: Señora, ¿le cantamos
el aguinaldo?.
La aludida abría la puerta y con paciencia, alegría o resignación
escuchaba los versos y canciones acompañadas por el estridente ruido.
Una vez que habían acabado les obsequiaba con comida, dulces o algunas
monedas que iban guardando celosamente para su posterior repartición.
Los chavales, felices, corrían hacia la casa de un nuevo vecino para
llegar antes que algún otro posible grupo oponente que pudiese marchar
con la mejor parte. De nuevo se acercaban a la puerta, llamaban y repetían:
Señora, ¿le cantamos el aguinaldo?
La señora salía, miraba, decía algo entre dientes y cerraba
la puerta.
Señora, - repetían impertérritos los niños
elevando un poco el tono de su voz- le cantamos el aguinaldo?
Esta vez la respuesta no se hacía esperar y los gritos, ademanes, gestos
y amenazas hacían correr de espanto a la pandilla en todas las direcciones
casi dejando atrás todos sus tesoros.
Al momento se reagrupaban y cerca de la casa, pero a una distancia prudente comenzaban a gritar:
Ahí arriba, más arriba
había un perro cagando,
pa los amos d´esta casa,
que no nos dan aguinaldo.*
Después de haber limpiado su honor, dejando clara la posible venganza
para el siguiente vecino se marchaban volviendo a la singular música
que acompañaban cantando:
Venid pastorcillos,
venid a adorar.
Al rey de los cielos
Que ha nacido ya.*

*recitados por Jesusa de Gijón autora también de las tarrañuelas dibujadas
Daniel S. Polo
Publicado en Octubre de 1982
en el diario La Nueva España de Oviedo