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Gabinete de estudios etnográficos
Fue el rabel en Asturias un instrumento desamparado por la fortuna, ya que no le cupo en suerte ser recogido con la debida atención por nuestros primeros folkloristas, quienes, sin duda, le habrían proporcionado lo notoriedad suficiente para que en nuestros días hubiera tenido un lugar más sobresaliente en el folklore de la región.

EL RABEL
UN ANTIGUO INSTRUMENTO EN ASTURIAS


.Cuando ser creía totalmente perdido su arte, vuelve a resurgir gracias a jóvenes entusiastas.

. El último rabelista en Gijón, de la antigua escuela, David Caballón, fallecido recientemente, aportó su arte a la Sorbona y dejó discípulos en Asturias.


Debió el rabel de haber sufrido un desapego paulatino, hasta llegar a su práctica desaparición en los finales del siglo XIX. Y aunque algunos rabelistas quedaron desperdigados, el cambio de gustos, el íntimo régimen familiar en que eran teñidos, dio como resultado que no se percibieran.

No obstante, en algunos lugares, y por mejor decir en algunas familias, se transmitieron el arte del rabel. Y es así como llegaron hasta hoy, escondidos en el rescoldo familiar, los raros ejemplares.

Tanto es así, que don Eduardo Martínez Torner, quien recogió con gran minuciosidad y amor canciones, melodías y costumbres por Asturias, muy especialmente desde 1910 a 1916, confiesa en una de sus notas:

"No hemos visto a nuestros pastores usar instrumentos de cuerda. Nos han hablado del rabel, que en otro tiempo se usó para animar los pastoriles bailes o acompañar el cantor de romances, pero no hemos podido nunca escuchar en nuestra provincia uno de estos instrumentos".

Y lástima fue grande, pues nos hubiera en sus estudios obsequiado con noticias y comentarios notables.

EL ÚLTIMO RABELISTA EN GIJÓN

El último rabelista residente en Gijón falleció en esta villa el 26 de febrero último. Don David Caballín Traviesas se llamaba. Con él se perdió una directa tradición preciosa.
Pero la música ejecutada en su rabel, construido en 1896, fue grabada para la Universidad de la Sorbona por Clody Schwindehanmer, en uno de sus viajes científicos por Asturias, en 1973, con el fin de estudiar y completar el canto y música asturianos.
Mas no todo se ha perdido. Porque el señor Caballín enseñó sus cantares y saber a un joven aficionado, Manuel López .
El fallecimiento del sepor Caballín ha sido realmente una pérdida irrecuperable. Era en Gijón el último poseedor de una tradición secular y de una cultura musical e instrumental hoy ciertamente rarísima en Asturias. Todos cuantos somos amantes de las tradiciones musicales hemos lamentado con grandísimo pesar una pérdida más de nuestro patrimonio cultural de Asturias.

LOS RABELES EN ASTURIAS

Los rabeles, siglos ha, fueron muy comunes en toda la Península Ibérica, lo mismo que en Europa. Es opinión generalmente admitida que esta clase de instrumentos llegaron desde el Oriente por diferentes caminos y en distintos tiempos. Y tal fue su aceptación que en las distintas regiones tomó carta de naturaleza y sus distintas formas se convirtieron práticamente inalterables por fuerza del uso, reafirmado por la costumbre. Y así, si observa variación en la forma, más se debe al empeño de adecuarlo a las necesidades y gustos musicales en algún momento. Sin embargo, podría considerarse que algunos rabeles sean en algunos casos copia imperfecta por los populares de un instrumento de superior calidad. De todos modos, en cada caso concreto de esta última advertencia se hallaría una explicación razonable.
Los rabeles en Asturias que llegaron a nuestros días se presentan como instrumentos de cuerda frotada con arco. Cabe la posibilidad de tañerlos rasgueando o pinzando, como se podrá anotar, convirtiéndose tal vez en otro instrumento.
Presentan estos nuestros rabeles una caja de resonancia oblonga, exenta de aristas, de formas curvas, con cintrados laterales en su mayor longitud, como para facilitar la acción del arco. Pero toda la caja posee la morfología de una guitarra. Todo él se circunscribiría en un trapecio regular y los cintrados son más de guitarra que de violín, según hoy nuestra opinión.
Toda la caja, a excepción de la "tabla de resonancia" que es de piel o pergamino grueso, está construida de un solo trozo de madera. La tabla superior de piel presenta de uno a tres agujeros de resonancia, que algunos dicen "ojos" o "güeyos". La piel va sujeta a la caja propiamente por medio de "pines", "tornos", "gabitos" que son a manera de cuñas para la fijación de la piel. Hay modelos, posiblemente más modernos, que sustituyen las cuñitas por clavos de latón de cabeza ancha.

No posee "mástil", sino simplemente "cuello" que , con el clavijero o "cabeza" forman una sola pieza solidaria con la "caja". El cuello no presenta "trastes", ni "marcadores de posición" como en guitarra. El cuello no sobrepasa en altura la tapa de resonancia en ningún caso, sino que está en el mismo nivel de la caja.
El clavijero o "cabeza" aparece separado del cuello por un "talón", más o menos pronunciado, como en guitarra.
En la "cabeza" se alojan las clavijas o "peines" en número, por lo general, de tres, correspondientes a otras tantas cuerdas de tripa, que se arrollan en el cuerpo de la "pina" en el interior de una cavernosidad de la cabeza. Esta cabeza tiene su forma da manera de recuerdo de la del violín actual, con su voluta.
Estos Rabeles están provistos de tres cuerdas de tripa sujetas a una "cola" o "charnela" más o menos artística y más o menos grande, y en el otro extremo están tensadas en el clavijero, como es natural.
El "puente" de madera dura, contiene tres muescas colocadas casi a la misma altura, así que, con frecuencia, es obligado el sonido de un bordón continuo.
El arco con un haz de crines hiere las cuerdas del rabel por frotación. Este arco se presenta con el haz no tirante, en algunos casos, obligando al instrumentista, en aquel caso, a tensarlas con los dedos de la mano al mismo tiempo que tañe. En otros arcos, construidos con maderas que permiten la tensión continua de este haz de crines, permite al instrumentista menos esfuerzo.

Su intensidad es pequeña, con lo que se reduce al instrumento a reunión de confianza, como podría decirse también "de cámara". Desde luego, no es instrumento para hacerle sonar al aire libre, es para pequeños grupos de bailadores en estancia pequeña y acompañar al recitador de cantares o romances en pequeños grupos.
El rabel que el señor Caballín tenía lo tocaba "a la morisca", o al uso oriental, esto es, colocándolo verticalmente, no al amanera occidental que se apoya en el hombro. Lo que no quiere esto decir que no puedan hallarse noticias de otros rabeles tocados de distinta manera.
Es de esperar que este noble intento para que no desaparezca este arte sea secundado y pronto podamos disfrutar al oír nuestros romances al son del rablel.

Luis Argüelles
Publicado en el Comercio el 15-06-1993