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El sonido popular


Entre los instrumentos músicos de temporada conócese en Asturias, como en otras partes, flautas de corteza enteriza de árbol, cuyo cuerpo es cilindro de corteza tomada de los entrenudos de una rama. Siguen, para su extracción, una técnica tradicional y curiosa con arrimos de magia, sin que falten conjuros, con el deseo de lograr el buen fin sin deterioro del material.

EN LOS MEDIOS RURALES CONOCEN LA CONSTRUCCIÓN DE ESTE INSTRUMENTO, CHICHOS Y GRANDES.

SE NOTA QUE EL DESUSO HABRÁ DE CONDUCIRLA, DESAFORTUNADAMENTE, AL OLVIDO

LA FLAUTA DE CORTEZA ENTERIZA
Entre los instrumentos músicos de temporada conócese en Asturias, como en otras partes, flautas de corteza enteriza de árbol, cuyo cuerpo es cilindro de corteza tomada de los entrenudos de una rama. Siguen, para su extracción, una técnica tradicional y curiosa con arrimos de magia, sin que falten conjuros, con el deseo de lograr el buen fin sin deterioro del material.

La época de su construcción siempre es la primavera cercana, cuando la savia de la planta comienza a circular, y otras estaciones son desechadas por los riesgos que corre la corteza de no salir entera.

Estas hermosas flautas de corteza, apenas duraderas, poseen timbre agradable cuando están bien construidas.
La causa de su existencia breve no es otra que la deshidratación que contrae la corteza y produce rugosidades, lo cual es su principal inconveniente para que no haya triunfado y ser común flauta en juegos y bailes y, por lo mismo, el haber sido sustituida por otras de materiales más consistentes, como cañas o saúco, por ejemplo.
No obstante, el grave inconveniente de su próxima ruina puede corregirse tanto para su conservación y uso permanente como presencia en museos (de lo que se hablará en secretos de taller).

CONSTRUCCIÓN DE UNA FLAUTA DE CORTEZA

Son, generalmente, muchachos los constructores de tan efímeras flautas, cuando cercana la primavera ya surge en su mente el deseo de realizarlas.
Buscan con la mirada una rama joven de castaño de unos dos centímetros de grueso, cuya corteza sea notoria por su sanidad y liso aspecto, o bien se fijan en retoño de tocón.

Con instrumento cortante, navaja o cuchillo, obtienen el entrenudo deseado, dándose la apropiada largura que la flauta ha de tener.
Comienza entonces la más delicada operación, que no es otra que la de separar la corteza de la parte leñosa y obtener el futuro tubo cilíndrico de la flauta.
Todo ello lo realizan con ritual propio del lugar, cantando, al tiempo de perpetrarlo, algún conjuro que asegure el feliz término de la obra y con servicio músico a la postre.

Mientras salmodian conjuros con el mango del instrumento cortante que sirvió para obtener el trozo, frotándolo de un extremo a otro, con el fin de que la corteza se desprenda del leño (“palu”), y de lubricante sírvense de su propia saliva. (Sobre los conjuros y la saliva tratarase en otro lugar por separado, pues cada uno de estos extremos merece capitulo aparte y abundante tratamiento).

Sospechada la separación de ambos elementos, toman la rama así tratada con ambas manos, fuertemente y comienzan a girarlas suavemente, produciendo una ligera torsión en las corteza, tan ligera y en ocasione tan sutil que sólo la experiencia habrá de ser la mejor consejera en estos casos.

Ciertos ya de que la corteza se desprende, empujan la parte leñosa teniendo sujeta con la otra mano el entrenudo y pronto con sorpresa agradable, pero esperada, presto el cilindro de corteza, tierno y débil, húmedo y oloroso, queda exento del tronquillo que lo soportaba.
Restan luego las incisiones, siempre que no lo hayan hecho antes, que servirán de bisel y agujeros. Para ello vuelven a introducir el leño en la corteza, seccionan bisel y agujeros y, extraído de nuevo, perfeccionan lo previsto, pues todos los cortes últimos han de realizarse con un alma en su interior, tal es lo delicado de la corteza.
Del tronco extraído toman un trozo que servirá de tapón en su extremo y guía del soplo hacia el bisel silbador.
Con esto ya puede decirse que la flauta de corteza enteriza de castaño (“castañal”) está construida.

OBSERVACIONES VARIAS

No obstante, el dibujo de Aguinaga que acompaña a estas notas, ofrece su morfología más clara y hay que tener muy presente que las medidas son variables como el número para la digitación, así podrá mejor el curioso construirla sin esfuerzo.
El timbre de esta flauta de corteza, cuando verde y bien construida, es agradable, pese a su recuente registro alto, pero dulce y aterciopelado, y cuando seca es más recio y metálico, pero en ambos casos, digno de apreciarse. Empero son capaces de emitir una escala si fueren bien construidas.

 

Para estas notas busqué información personal muy especialmente.
Llamaron a este instrumento “flauta”: J. y M. Blanco, de Babares, en Tineo; H. del Riego, en Semeyones, en Tineo; J. Paredes, de Pumeda de Valsera, en Las Regueras; M. Fernández, de Campo de Caso; V. Núñez, de Turón. En el concejo de Gijón: S. García, de Cabueñes, y F. Menéndez, de Ceares. Registra igual Feito para Somiedo (BIDEA 27, 11).
Llamó “xipro” F. Alvarez, de Pelou, en Grandas de Salime; parecido al registrado por J. A. Fernández, en “El habla de Cisterna” (1960) y recuerda la “chifla” de Caravia registrada por De Llano (Folklore Asturiano, 72, 137) y lo mismo Vigón (Juegos).
Llamaron “xiblata”: J. B. de Sariego, en Siero, y el semejante “xiblatu”, A. Tamargo, de La Caoborna, de Gurulles, en Grado, entre otros.

Visto lo cual, dada la anfibología del vocablo en comparación con otros instrumentos, he convenido usar el común de “flauta”, que encierra la menor confusión posible y es resultado de muestreo desde 1980 hasta hoy, del que ofrezco resumen en esta comunicación.

El material empleado de los ejemplares estudiados y tabulados en el muestreo, el común es el castaño, pero también el álamo, laurel, arce, sauce blanco, avellano y otros.
La frecuencia del número de agujeros para la digitación varía según el lugar (mas dejamos esta cuestión para estudio comparativo y curioso).

Lo mismo que otros muchos instrumentos populares de estas características, tanto pueden clasificarse entre los juegos infantiles como en instrumentos populares, mas he de añadir que también entre mayores hay uso, lo que hace necesario reconsiderar la clasificación.

Luis Argüelles
Publicado en El Comercio
10 de marzo de 1982

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