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Renuncia.
Por qué dejé la fotografía. Un día me quiero sentar y escribir por qué después de 16 años de ilusiones y de adorar las cámaras basura y la foto pobre metí todas las cámaras en dos cajas y no las he vuelto a usar. Revisando documentos del anterior ordenador, encontré estas notas sobre el tema: "Hoy, esta tarde, L ha empezado por su cuenta a estudiar esqueletaria, copiando dibujos de esqueletos en una agenda vieja; y V me cogió una caja de plástico y se inventó un barco. Yo, mientras monto una estantería metálica, he decidido dejar la fotografía, dejar de participar en exposiciones, dejar de ser fotógrafo para nadie más que para quien yo quiera y para mí mismo. Pequeñísimas cosas han estado ocurriendo, como ver un cartel roto de una exposición de A en B: “C”, una colección de fotos personales que hizo para su novia durante un viaje en D, fotos apaisadas, una cámara desechable panorámica recargada con película blanco y negro; hoy necesito urgentemente llamar a A y preguntarle: ¿por qué entregas las fotos para tu novia a todo el mundo, por qué lo conviertes en obra fotográfica?. Sin embargo no lo llamaré. No quiero que ser fotógrafo, hacer exposiciones, tener un currículum, tenga nada que ver con estatus, importancia, referencia. En qué se ha convertido el mundo del arte, qué hacen los creadores, para quién, por qué. No sé cuándo, no tiene que ser hoy ni mañana ni el mes que viene, pero voy a abandonar la fotografía pública, voy a quitarme de encima un peso enorme, voy a destruir cámaras, negativos, visiones, ideas y todo lo que yo quiera. Todo eso lo voy a decidir yo, y la necesidad de hacerlo me ha llegado como un destello. Sin embargo necesito la fotografía, no podré dejar de hacer fotos, pero serán para mí, para investigar aquello, para mi hija V, para aquel amigo, para enviar a alguien desconocido, para documentar una historia de cómic, para pensar, para nada". C parece ser la única persona que se ha dado cuenta de que hace tres años que dejé la fotografía. O la única persona a la que le importa y cuando me ve me pregunta. Escribí hace un par de años que iba a destruir negativos, cámaras y visiones si así lo quería; no lo he hecho, sencillamente he dejado las cámaras en unas cajas, los negativos en sus carpetas, estropeándose quizá con la humedad. Desaparecer sin ruido. A veces pienso en la fotografía como una de las mayores conquistas de la especie humana. La fotografía es para mí tan importante que ya no me gusta hablar de ella. Escribo esto de manera bastante excepcional, creo que porque me encontré con C en una librería, y a él me hubiera gustado poder explicarle mejor todo esto. Una decisión lejana fue elegir el camino de la foto pobre, de las cámaras humildes, de la imperfección técnica. Eso a mí me ha llevado al despojamiento de los artificios, al desprecio de los materiales, al dolor ante las imágenes perfectas, fotogénicas, intencionadamente bellas, trucadas, estéticamente seudopobres, falsamente imperfectas. La foto pobre me ha llevado, alejándome del mundo de los cielos saturados y las personas sonrientes o tristes hacia una dirección contraria: el interior de mí mismo, y ahí, claro, llega un momento en que ya no hay mucho más que contar, y la fotografía no tiene nada más que mostrar. Esto es otra teoría de por qué dejé la fotografía. |