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En los años treinta
Lorca era el poeta español más leído en América. Conoció y fue admirado por los más
grandes poetas del otro lado del océano. Es una figura que ha estado siempre presente en
los artistas americanos. Desde hace años son frecuentes las musicalizaciones de poemas de
Lorca inspiradas en los géneros de su tierra natal, Andalucía.
Este espectáculo es una mirada
hacia el poeta, desde América: su poesía es universal y este es, sencillamente, otro
punto de vista.
En Lorca desde otro Sur , Federico García Lorca es el protagonista de una historia, relatada por los
textos de otros tres poetas americanos : Raúl González Tuñón, César Vallejo y Pablo
Neruda. Es una visión americana de la poesía de Lorca en la que los poemas están
musicalizadas en base a ritmos del otro continente. Entre bloques de canciones los textos
de los tres poetas relatan parte de la terrible historia de la España de la guerra civil,
el fusilamiento de Lorca y lo que queda después de la contienda. La sencillez de la
cristalina poesía del granadino contrasta con la tenebrosa oscuridad que describen los
tres poetas.
Lorca desde
otro Sur quiso rendir homenaje a una de las primeras víctimas de la guerra
civil en el 100 aniversario de su nacimiento.
Gabriel Alejo Jacovkis ha seleccionado 16
poemas de Lorca y los ha musicalizado.
Interpreta las canciones
acompañado de su guitarra o bajo eléctrico y del clarinete de Agustín Martinez.
Programa
Preludio (Agustín Martínez)
Oda a Federico García Lorca (Pablo Neruda)
En el
Instituto y en la Universidad (Bailecito)
Gacela del amor imprevisto
(Tango)
Gacela del amor desesperado
(Vals)
Escuchar
Ci
Yacet (Raúl González Tuñón)
Campo
(Chacarera)
Canción
primaveral (Milonga)
Domingo Ferreiro (Raúl González
Tuñón)
El
poeta pide a su amor que le escriba (Tango)
Tarde (Vals
lento)
Pequeño responso a un héroe de la
República (César Vallejo)
1910 (Tango)
Idilio
(Polca)
Casida de la muchacha dorada
(Chamamé)
Muerte del Poeta (Raúl González
Tuñón)
Quodlibet
Yo
sé que mi perfil será tranquilo (Zamba)
Escuchar
XI
(César Vallejo)
Interludio (Agustín Martínez)
Masa
(César Vallejo)
Preludio
(Petenera-baguala)
Escuchar
Gacela del mercado matutino
(Milonga porteña)
Si mis manos pudieran
deshojar (Habanera-canción litoraleña)
Las obras en las que no se especifica
autor son composiciones musicales de Gabriel Alejo Jacovkis sobre poemas de Federico
García Lorca.
POEMAS
Oda a Federico García Lorca (Pablo Neruda)
Si pudiera llorar de miedo en una casa sola,
si pudiera sacarme los ojos y comérmelos,
lo haría por tu voz de naranjo enlutado
y por tu poesía que sale dando gritos.
.................
Cuando vuelas vestido de durazno,
cuando ríes con risa de arroz huracanado,
cuando para cantar sacudes las arterias y los dientes,
la garganta y los dedos,
me moriría por lo dulce que eres,
me moriría por los lagos rojos
en donde en medio del otoño vives
con un corcel caído y un dios ensangrentado.
..............................
Si pudiera de noche, perdidamente solo,
acumular olvido y sombra y humo
sobre ferrocarriles y vapores,
con un embudo negro,
mordiendo las cenizas,
lo haría por el árbol en que creces,
por los nidos de aguas doradas que reúnes,
y por la enredadera que te cubre los huesos
comunicándote el secreto de la noche.
..............................
Si pudiera llenar de hollín las alcaldías
y, sollozando, derribar relojes,
sería para ver cuándo a tu casa
llega el verano con los labios rotos.
.............................
Federico,
tú ves el mundo, las calles,
las despedidas en las estaciones
cuando el humo levanta sus ruedas decisivas...
............................
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EN EL INSTITUTO Y EN LA UNIVERSIDAD
La primera vez
no te conocí.
La segunda, sí.
Dime
si el aire te lo dice.
Mañanita fría
yo me puse triste,
y luego me entraron
ganas de reírme.
No te conocí.
Sí me conociste.
Sí te conocí.
No me conociste.
Ahora entre los dos
se alarga impasible,
un mes, como un
biombo de días grises.
La primera vez
no te conocí.
La segunda, sí.
Canciones. (1921-1924)
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GACELA DEL AMOR IMPREVISTO
Nadie comprendía el perfume
de la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.
Mil caballitos persas se dormían
en la plaza con luna de tu frente,
mientras que yo enlazaba cuatro noches
tu cintura, enemiga de la nieve.
Entre yeso y jazmines, tu mirada
era un pálido ramo de simientes.
Yo busqué, para darte, por mi pecho
las letras de marfil que dicen siempre,
siempre, siempre: jardín de mi agonía,
tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca,
tu boca ya sin luz para mi muerte.
Diván de Tamarit. (1936)
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GACELA DEL AMOR DESESPERADO
La noche no quiere venir
para que tú no vengas,
ni yo pueda ir.
Pero yo iré,
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
Pero tú vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.
El día no quiere venir
para que tú no vengas,
ni yo pueda ir.
Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.
Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.
Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tu mueras por mí.
Diván de Tamarit. (1936)
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Ci yacet (Raúl González Tuñón)
Aquí yacen ceniza, polvo y nada.
Cayeron en el centro de la lucha,
cayeron en el centro de la tarde
a la perfecta soledad, madura.
Aquí yacen ceniza y polvo y nada,
pero su sangre corre en nuestra sangre
que ceniza no es, ni polvo y nada.
Pero su sueño vive en nuestro sueño
que ceniza no es, ni polvo y nada,
que polvo no es y no es ceniza y nada.
Y su alegría está en nuestra sonrisa
que ceniza no es ni polvo y nada,
que nada no es ni polvo ni ceniza.
Aquí yacen ceniza y polvo y nada
los que fueron carne, sangre y hueso,
y en nuestra carne y sangre y hueso nacen,
muerte fecunda en el vital proceso.
Polvo y ceniza y nada no es su muerte,
que la muerte en la lucha no es la muerte,
no pongáis epitafios a su muerte.
Transformación constante, cielo y tierra,
el sol, el agua, el aire es epitafio,
en la paz y en la guerra de la tierra.
De la tierra vinieron y a la tierra
volvieron y la tierra los devuelve.
Son la Historia, que sigue.
Son la Revolución, que nunca muere.
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CAMPO
El cielo es de ceniza.
Los árboles son blancos,
y son negros carbones
los rastrojos quemados.
Tiene sangre reseca
la herida del Ocaso,
y el papel incoloro
del monte está arrugado.
El polvo del camino
se esconde en los barrancos,
están las fuentes turbias
y quietos los remansos.
Suena en un gris rojizo
la esquila del rebaño
y la noria materna
acabó su rosario.
El cielo es de ceniza,
los árboles son blancos.
Libro de Poemas. 1920.
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CANCIÓN PRIMAVERAL (II)
Voy camino de la tarde,
entre flores de la huerta,
dejando sobre el camino
el agua de mi tristeza.
En el monte solitario,
un cementerio de aldea
parece un campo sembrado
con granos de calaveras.
Y han florecido cipreses
como gigantes cabezas
que con órbitas vacías
y verdosas cabelleras,
pensativos y dolientes
el horizonte contemplan.
Libro de Poemas. 28 de marzo de 1919. (Granada)
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Domingo Ferreiro (Raúl González Tuñón)
-"Toca la gaita, Domingo Ferreiro,
toca la gaita"...- "Non queiro, non queiro."
Porque están llenas de sangre las rías,
porque no quiero, no quiero, no quiero.
Ya se acabaron los ramos floridos
que ella traía en la falda del viento,
que ella traía a su novio soldado
o pescador, labrador, marinero.
Sobre Galicia ha caído la peste,
ay, los oscuros sargentos vinieron.
Están colgando en los pinos los hombres.
Toca la gaita. No quiero, no quiero.
Nuestros hermanos que están allá abajo
pronto vendrán a vengar a los muertos,
pronto vendrán en mitad del verano,
pronto vendrán en mitad del invierno.
El que no ha muerto andará por el monte
y en las aldeas cayeron los buenos.
Ah, que no vayan los lobos al monte.
Toca la gaita, no quiero, no quiero.
Ya llegarán las valientes milicias
para acabar con la hez del desierto.
Ya llegarán en mitad de la Historia,
ya llegarán en mitad de los tiempos.
Toca la gaita. ¡Que baile el obispo!
Toca la gaita. No quiero, no quiero.
Porque no es tiempo de fiesta en España,
porque no quiero, no quiero, no quiero.
Ya llegarán los soldados leales
para acabar con la hez del desierto.
Ya llegarán en mitad de la Biblia,
ya llegarán en mitad de los Muertos.
Toca la gaita. ¡Que baile la víbora!
Toca la gaita. No quiero, no quiero.
Porque la gaita no quiere que toque.
Porque se ha muerto Domingo Ferreiro.
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EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA
Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.
El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas.
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.
Poemas Sueltos
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TARDE
Tarde lluviosa en gris cansado,
y sigue el caminar.
Los árboles marchitos.
Mi cuarto, solitario.
Y los retratos viejos
y el libro sin cortar...
Chorrea la tristeza por los muebles
y por el alma.
Quizá
no tenga para mí Naturaleza
el pecho de cristal.
Y me duele la carne del corazón
y la carne del alma.
Y al hablar,
se quedan mis palabras en el aire
como corchos sobre agua.
Solo por tus ojos
sufro yo este mal,
tristezas de antaño
y las que vendrán.
Tarde lluviosa en gris cansado,
y sigue el caminar.
Libro de Poemas. Noviembre de 1919)
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Pequeño responso a un héroe de la República (César Vallejo)
Un libro quedó al borde de su cintura muerta,
un libro retoñaba de su cadáver muerto.
Se llevaron al héroe,
y corpórea y aciaga entró su boca en nuestro aliento;
sudamos todos, el hombligo a cuestas;
caminantes de las lunas nos seguían;
también sudaba de tristeza el muerto.
...............
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1910
Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
no vieron enterrar a los muertos,
ni la feria de ceniza del que llora por la madrugada,
ni el corazón que tiembla arrinconado como un caballito de mar.
Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
vieron la blanca pared donde orinaban las niñas,
el hocico del toro, la seta venenosa
y una luna imcomprensible que iluminaba por los rincones
los pedazos de limón seco bajo el negro duro de las botellas.
Aquellos ojos míos en el cuello de la jaca,
en el seno traspasado de Santa Rosa dormida,
en los tejados del amor, con gemidos y frescas manos,
en un jardín donde los gatos se comían a las ranas.
Desván donde el polvo viejo congrega estatuas y musgos,
cajas que guardan silencio de cangrejos devorados
en el sitio donde el sueño tropezaba con su realidad.
Alli mis pequeños ojos.
No preguntarme nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!
Poeta en Nueva York. (1929-1930)
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IDILIO
Tú querías que yo te dijera
el secreto de la primavera.
Y yo soy para el secreto
lo mismo que es el abeto.
Árbol cuyos mil deditos
señalan mil caminitos.
Nunca te diré, amor mío,
por qué corre lento el río.
Pero pondré en mi voz estancada
el cielo ceniza de tu mirada.
¡Dame vueltas, morenita!
Ten cuidado con mis hojitas.
Dame más vueltas alrededor,
jugando a la noria del amor.
¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera,
el secreto de la primavera.
Canciones (1921-1924)
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CASIDA DE LA MUCHACHA DORADA
La muchacha dorada
se bañaba en el agua
y el agua se doraba.
Las algas y las ramas
en sombra la asombraban,
y el ruiseñor cantaba
por la muchacha blanca.
Vino la noche clara,
turbia de plata mala,
con peladas montañas
bajo la brisa parda.
La muchacha mojada
era blanca en el agua
y el agua, llamarada
Vino el alba sin mancha,
con mil caras de vaca,
yerta y amortajada
con heladas guirnaldas.
La muchcha de lágrimas
se bañaba entre llamas,
y el ruiseñor lloraba
con las alas quemadas.
La muchacha dorada
era una blanca garza
y el agua la doraba.
Diván del Tamarit (1936)
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Muerte del poeta (Raúl González Tuñón)
¡Qué muerte enamorada de su muerte!
¡Qué fusilado corazón tan vivo!
¡Qué luna de ceniza tan ardiente
en donde se desploma Federico!
Los menudos rumores de la muerte
alrededor del esqueleto niño
cuando suben y bajan las mareas
en donde se desploma Federico.
¡Qué amor al que cayó por el acero
de un alba de asesinos y de obispos!
¡Qué olor a siempreviva apasionada
en donde se desploma Federico!
¡Qué aire de antigua voz de estatua rota
rodea su sepulcro amanecido
cuando suben y bajan los claveles
en donde se desploma Federico!
Todas las cosas que él amaba crecen
junto a su muerte, desbordante río
que corre por la tierra de los hombres
en donde se desploma Federico.
Cigalas a las 7 de la tarde,
jerez al alba de color subido
cuando suben y bajan las guitarras
en donde se desploma Federico.
Lloronas de pasión y velatorio,
rizos de niños mágicos dormidos,
poemas de Darío y de Neruda
en donde se desploma Federico.
Toreros muertos y solteras solas
y puentes y navajas como lirios
cuando suben y bajan las campanas
en donde se desploma Federico.
¡Qué muerte enamorada de su muerte!
Habitado en violeta y en jacinto,
Santo Sepulcro el que conquistaremos
en donde se desploma Federico.
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QUODLIBET
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
vamojando los recuerdos
en la fuente de la idea.
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.
De niño yo canté como vosotros,
niños buenos del prado,
solté mi gavilán con las temibles
cuatro uñas de gato.
Pasé por el jardín de Cartagena
la verbena invocando
y perdí la sortija de mi dicha
al pasar el arroyo imaginario.
Las niñas de los jardines
me dicen todas adiós
cuando paso. Las campanas
también me dicen adiós.
Y los árboles se besan
en el crepúsculo. Yo
voy llorando por la calle,
grotesco y sin solución,
y veo secarse los lirios
al contacto con mi voz
manchada de luz sangrienta.
La sombra de mi alma / huye por un ocaso de alfabetos,
niebla de libros / y palabras.
¡La sombra de mi alma! / Ha llegado a la linea donde cesa
la nostalgia, / y la gota de llanto se transforma
alabastro de espíritu. / ¡Ruiseñor mío!
¡Ruiseñor! / ¿Aún cantas?
Libro de Poemas: Canción otoñal (1918), Balada triste (1918),
Canción menor (1918), La sombra de mi alma (1919)
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YO SÉ QUE MI PERFIL SERÁ TRANQUILO
Yo sé que mi perfil será tranquilo
en el musgo de un norte sin reflejo.
Mercurio de vigilia, casto espejo
donde se quiebre el pulso de mi estilo.
Que si la yedra y el frescor del hilo
fue la norma del cuerpo que yo dejo,
mi perfil en la arena será un viejo
silencio sin rubor de cocodrilo.
Y aunque nunca tendrá sabor de llama
mi lengua de palomas ateridas
sino desierto gusto de retama,
libre signo de normas oprimidas
seré en el cuerpo de la yerta rama
y en el sinfín de dalias doloridas.
Poemas sueltos. (1930)
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XI (César Vallejo)
Miré el cadáver, su raudo orden visible
y el desorden lentísimo de su alma;
le vi sobrevivir; hubo en su boca
la edad entrecortada de dos bocas.
Le gritaron su número: pedazos.
Le gritaron su amor: ¡más le valiera!
Le gritaron su bala: ¡también muerta!
Y su orden digestivo sosteníase
y el desorden de su alma, atrás, en balde.
Le dejaron y oyeron, y es entonces
que el cadáver
casi vivió en secreto, en un instante;
mas le auscultaron mentalmente, ¡y fechas!
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- Masa (César Vallejo)
-
- Al fin de la batalla,
- y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
- y le dijo: "No mueras; te amo tanto!"
- Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
-
- Se le acercaron dos y repitiéronle:
- "¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
- Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
- Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
- clamando: "¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!
- Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
- Le rodearon millones de individuos,
- con un ruego común: "¡Quédate hermano!"
- Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
- Entonces todos los hombres de la tierra
- le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
- incorporóse lentamente,
- abrazó al primer hombre; echóse a andar...
-
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-
-
PRELUDIO
- Las alamedas se van,
- pero dejan su reflejo.
- Las alamedas se van,
- pero nos dejan el viento.
- El viento está amortajado
- a lo largo bajo el cielo.
- Pero ha dejado flotando
- sobre los ríos sus ecos.
- El mundo de las luciérnagas
- ha invadido mis recuerdos.
- Y un corazón diminuto
- me va brotando en los dedos.
Canciones (1921-1924)
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GACELA DEL MERCADO MATUTINO
- Por el arco de Elvira
- quiero verte pasar,
- para saber tu nombre
- y ponerme a llorar.
- ¿Qué luna gris de las nueve
- te desangró la mejilla?
- ¿Quién recoge tu semilla
- de llamarada en la nieve?
- ¿Qué alfiler de cactus breve
- asesina tu cristal?
-
- Por el arco de Elvira
- voy a verte pasar,
- para beber tus ojos
- y ponerme a llorar.
- ¡Qué voz para mi castigo
- levantas por el mercado!
- ¡Qué clavel enajenado
- en los montones de trigo!
- ¡Qué lejos estoy contigo,
- qué cerca cuando te vas!
- Por el arco de Elvira
- voy a verte pasar,
- para sentir tus muslos
- y ponerme a llorar.
Diván del Tamarit. (1936)
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SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR
- Yo pronuncio tu nombre
- en las noches oscuras,
- cuando vienen los astros
- a beber la luna
- y duermen los ramajes
- de las frondas ocultas.
- Y yo me siento hueco
- de pasión y de música.
- Loco reloj que canta
- muertas horas antiguas.
- Yo pronuncio tu nombre
- en esta noche oscura,
- y tu nombre me suena
- más lejano que nunca.
- Más lejano que todas las estrellas
- y más doliente que la mansa lluvia.
- ¿Te querré como entonces
- alguna vez? ¿Qué culpa
- tiene mi corazón?
- Si la niebla se esfuma,
- ¿qué otra pasión me espera?
- ¿Será tranquila y pura?
- ¡¡Si mis dedos pudieran
- deshojar la luna!!
Libro de Poemas. 10 de noviembre de 1919. (Granada)
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