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La música de Buenos Aires se identifica con el tango, música urbana que existe desde finales del siglo XIX, producto de una ciudad que se asomaba a los tiempos modernos. Pero esa ciudad limitaba con el campo y sus trabajos, con la pampa, con otra visión de la vida, con otra música. Entre la pampa y el río es un espectáculo que pretende reflejar la presencia de esa otra música, ese aire de frontera, de límite, en el que confluyen valses, milongas, tangos, estilos, vidalitas. Los textos de Borges, González Tuñón, Cortázar, y del propio creador del espectáculo, se entrelazan con canciones de Yupanqui, Manzi, Contursi, Ginastera y otros.

Entre la pampa y el río está interpretado en voz, bajo eléctrico y música pregrabada, por Gabriel Alejo Jacovkis, responsable también de la idea y diseño.

 

 

Programa

Entre la pampa y el río (G. A. Jacovkis)

Buenos Aires (J. L. Borges)

La pulpera de Santa Lucía (H. P. Blomberg-E. Maciel)

Betinoti (H. Manzi-S. Piana)

Mi noche triste (P. Contursi-S. Castriota)   Escuchar

La esquina olvidada (R. González Tuñón)

Valsecito de antes (H. Manzi-A. Sureda)

El choclo (J. S. Discépolo-A. Villoldo)

Hojas de otoño (G. A. Jacovkis)   Escuchar

Como yo lo siento (O. Rodríguez Castillos)

Mi vieja viola (Hnos. Frías-H. Correa)

No me alcanza tu recuerdo (G. A. Jacovkis)

Los ejes de mi carreta (A. Yupanqui)

El árbol del olvido (Valdés-Ginastera)

Chiquilín de Bachín (H. Ferrer-A. Piazzolla)

Veredas de Buenos Aires (J. Cortázar)

El cordón de la vereda (G. A. Jacovkis)

Dosbajeando (G. A. Jacovkis)

Un poco de eso, claro... (J. Cortázar)

Rambleando (D. Bertini-G. A. Jacovkis)

Prepárense (L. Luchi-G. A. Jacovkis)

Y luego fue una sombra (G. A. Jacovkis)

De Corrales a Tranqueras (O. Rodríguez Castillos)

La cumparsita (P. Contursi-E. Maroni-G. H. Matos Rodríguez)

Los hermanos (A. Yupanqui)

 

 

Buenos Aires

Antes, yo te buscaba en tus confines
que lindan con la tarde y la llanura
y en la verja que guarda una frescura
antigua de cedrones y jazmines.
En la memoria de Palermo estabas,
en su mitología de un pasado
de baraja y de puñal y en el dorado
bronce de las inútiles aldabas,
con su mano y sortija. Te sentía
en los patios del Sur y en la creciente
sombra que desdibuja lentamente
su larga recta, al declinar el día.
Ahora estás en mí. Eres la vaga
suerte, esas cosas que la muerte apaga.
                                                                      J. L. Borges. El otro, el mismo (1964)
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La pulpera de Santa Lucía
 
Era rubia y sus ojos celestes reflejaban la gloria del día
y cantaba como la calandria la pulpera de Santa Lucía
Era flor de la vieja parroquia, ¿quién fue el gaucho que no la quería?
Los soldados de cuatro cuarteles suspiraban en la pulpería.
 
La cantó el payador mazorquero con un dulce gemir de vihuelas
en la reja que olía a jazmines, en el patio que olía a diamelas.
"Con el alma te quiero pulpera y algún día tendrás que ser mia"
Mientras llenan las noches del barrio las guitarras de Santa Lucía.
 
La llevó un payador de Lavalle cuando el año 40 moría.
Ya no alumbran sus ojos celestes la parroquia de Santa Lucía.
No volvieron los trompas de Rosas a cantarle vidalas y cielos
Y en el patio de la pulpería los jazmines lloraban de celos.
 
Y volvió el payador mazorquero a cantar en el patio vacío
la doliente y postrer serenata que llevábase el viento del rio.
"Dónde estás con tus ojos celestes, ai! pulpera que no fuiste mia.
Cómo lloran por tí las guitarras, las guitarras de Santa Lucía.
                                                                            H. P. Blomberg y E. Maciel

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Betinoti
 
En el fondo de la noche
la barriada se entristece
cuando en la sombra se mece
el rumor de una canción.
Paisaje de barrio turbio
chapaleado por las chatas
que al son de cien serenatas
perfumó su corazón.
Mariposa de alas negras
volando en el callejón,
al rumorear la bordona
junto a la paz del malvón.
Y al evocar en la noche
voces que el tiempo llevó...
van surgiendo del olvido
las mentas del payador.
Estrofa de Betinoti
rezongando en las esquinas.
Tristezas de chamuchina
que jamás te olvidará.
Angustias de novia ausente
y de madre abandonada
que se quedaron grabadas
en tu vals sentimental.
                                            Sebastián Piana y  Homero Manzi
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Mi noche triste

Percanta que me amuraste
en lo mejor de mi vida
dejandome el alma herida
y espina en el corazón, 
sabiendo que te queria,
que vos eras mi alegria
y mi sueño abrasador...
Para mi ya no hay consuelo
y por eso me encurdelo
pa' olvidarme de tu amor.

De noche cuando me acuesto
no puedo cerrar la puerta
porque dejándola abierta
me hago ilusión que volvés.
Siempre traigo bizcochitos
pa' tomar con matecito
como cuando estabas vos...
Y si vieras la catrera
cómo se pone cabrera
cuando no nos ve a los dos.

Cuando voy a mi cotorro
lo veo desarreglado,
todo triste, abandonado,
me dan ganas de llorar,
y me paso largo rato 
campaneando tu retrato
pa' poderme consolar.

Ya no hay en el bulin
aquellos lindos frasquitos
adornados con moñitos
todos de un mismo color,
y el espejo esta empañado,
si parece que ha llorado 
por la ausencia de tu amor.

La guitarra en el ropero
todavía esta colgada;
nadie en ella canta nada
ni hace sus cuerdas vibrar...
Y la lámpara del cuarto
también tu ausencia ha sentido
porque su luz no ha querido
mi noche triste alumbrar.

                                                    Pascual Contursi y Samuel Castriota

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La esquina olvidada

Como un hilo de sueño, como un hilo de tango,
como un hilo de vals lento de antes
que es lejano pariente de los blues,
la luna penetró largamente su oscuro
y anguloso perfil y en su revoque
diseñaron los años una especie de mapa.
El amor y la muerte soslayaron su sombra.
Conoció el esplendor popular de una tienda
y un sauce y un boliche.
Nada más, todos se fueron y la noche
preguntó cuánto tiempo había pasado.
_¿Te acordás, hermano?
Como un hilo de nube.
                                            Raúl González Tuñón

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Valsecito de antes
 
Valsecito que traés el perfume
de los bailes debajo ‘el parral,
y el recuerdo del gringo organista
que sonaba por el arrabal.
La poesía del barrio de entonces
se despierta en tu viejo compás,
y la mente dibuja el paisaje
de un patio estrellado detrás de un portal.
Para llorar tu sentirte
enredás en el violín,
y acollarás el matungo de tu son
al bajo del bandoneón.
Y si sopla un vendaval
en la huella del querer,
en la guitarra gentil del payador
sos el lamento mejor.
Los muchachos te rezan silbando
y las pibas te cantan también.
Y el trovero gangoso del barrio
en tus notas diluye un desdén.
Y si junto a la reja en tus sones
se perfuma la voz de un cantor,
un par de ojos borrachos de ensueño
te dicen las gracias con un lagrimón.
Si en la esquina pintada del barrio
se destrenza tu humilde canción,
de ternuras las noches plateadas
prenden una estrellita de amor.
Porque fuiste el primer cancionero
para el alma del barrio cantor,
sos la contra del tango malevo,
y si él es guapeza, vos sos todo amor.
                                                         Homero Manzi y Antonio Sureda
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El choclo
 
Con este tango nació el tango y como un grito
salió del sórdido barrial buscando el cielo.
Conjuro extraño de un amor hecho cadencia
que abrió caminos sin más ley que su esperanza,
mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia,
llorando en la inocencia de un ritmo juguetón.
                                                                            J. S. Discépolo-A. Villoldo

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Como yo lo siento
 
No venga a tasarme el campo
con ojos de forastero,
porque no es como aparenta...
sino como yo lo siento.
Yo, soy cardo d'estos llanos,
totoral d'esos esteros
ñapindá de aquellos montes,
piedra Mora de mis cerros,
y... no va crecer si le digo
que hace poco lo comprendo.

Debajo d'este arbolito
suelo amarguiar en silencio...
Si habré lavao cebaduras
pa' intimar y conocerlo!
No da leña ni pa' un frío...
No da flor ni pa' remedio,
y es un pañuelo de luto
la sombra en que me guarezco;
no tiene un pajaro amigo
pero, pa' mi... es compañero.

Pa' que mentar mi tapera...
velay si se está cayendo.
La han rigoriao los agostos
de una ponchada de inviernos
La vi quedarse vacia...
La vi poblarse 'e recuerdos...
Solo pa' no abandoname
le hace patancha a los vientos,
y con goteras de luna;
quiere estrellar mis desvelos!

Mi pago conserva cosas
guardadas en su silencio,
que yo gané campo afuera;
que yo perdí... tiempo adentro.
No venga a tasarme el campo
con ojos de forastero,
porque no es como aparenta
sino... como yo lo siento.
Su cinto no tiene plata
ni pa' pagar mis recuerdos!
                                                    Osiris Rodríguez Castillos

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Mi vieja viola

Vieja viola garufera y vibradora
en las horas de parranda y copetín
de las tantas serenatas a la lora
que hoy es dueña de mi cuore
y patrona del bulín
como estás de abandonada y silenciosa
después que fuiste mi sueño de cantor
quien te ha oído sonar papa y melodiosa
no dice que sos la diosa de mi pobre corazón.
Es que la gola se va
y la fama es puro cuento
andando mal y sin vento
todo, todo se acabó
hoy sólo queda el recuerdo
de pasadas alegrías
pero estás vos viola mía
hasta que me vaya yo.
Cuantas noches bajo el brazo de la zurda
por cubrirte del sereno te llevé
y por más que me encontrase bien en curda
conservándome en la línea, de otros curdas te cuidé.
Si los años de la vida te componen
y la suerte me rempuja a encarrilar
yo te juro que te cambio las bordonas
me rechiflo del escabio
y te vuelvo a hacer sonar.
                                    Hermanos Frías y H.Correa
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No me alcanza tu recuerdo
 
No me alcanza tu recuerdo.
A veces estoy solo con la ausencia
y se hunde tu presencia
en la falta que me hacés.
Se me sale una pregunta
y la fuerza que me diste
se me agota en el intento
de poderla responder
Salite de la muerte!
Cantale un falta envido!
Jodele la partida y
volvé de nuevo aquí.
Te espero, viejo lindo,
la mesa está servida
y hay cosas y una vida
que quiero compartir.
                                                Gabriel Alejo Jacovkis

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Los ejes de mi carreta
 

Porque no engraso los ejes
me llaman abandonao ...
Si a mí me gusta que suenen,
¿pa' qué los quiero engrasaos?

Es demasiado aburrido
seguir y seguir la huella,
demasiao largo el camino
sin nada que me entretenga.

No necesito silencio,
yo no tengo en qué pensar.
Tenía, pero hace tiempo,
ahura ya no pienso más.

Los ejes de mi carreta
nunca los voy a engrasar ...

                                        Atahualpa Yupanqui y Romildo Risso

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El árbol del olvido

En mi pago hay un árbol
que del olvido se llama,
donde van a consolarse
vidalita, los moribundos del alma.

Para no pensar en vos
en el árbol del olvido
me acosté una nochecita,
vidalitá, y me quedé bien dormido.

Al despertar de aquel sueño
pensaba en vos otra vez,
pues me olvidé de olvidarte,
vidalita, en cuantito me acosté.

                                                       Fernán Silva Valdéz  y Alberto Ginastera

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Chiquilin de bachin
 
Por las noches, cara sucia
de angelito con bluyín,
vende rosas en las mesas
del boliche Bachín:
si la luna brilla
sobre la parrilla,
come luna y pan de hollin...
Cada dia en su tristeza
que no quiere amanecer,
lo madruga un seis de enero
con la estrella del revés;
y tres reyes gatos
roban sus zapatos,
uno izquierdo y el otro... ¡también!
Chiquilin
dame un ramo de vos
¡así salgo a vender
mis verguenzas en flor...!
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendi,
chiquilin...
Cuando el sol pone a los pibes
delantales de aprender,
él aprende cuanto cero
le quedaba por saber;
y a su madre mira,
yira que te yira,
pero no la quiere ver...
Cada dia en la basura
con un pan y un tallarin,
se fabrica un barrilete
para irse... ¡y sigue aqui!
Es un hombre extraño
-niño de mil años-
que por dentro le enreda el piolin...
                                                            Horacio Ferrer y Ástor Piazzolla

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Veredas de Buenos Aires
 
De pibes la llamamos la vedera
y a ella le gustó que la quisiéramos.
En su lomo sufrido dibujamos
tantas rayuelas.
Después, ya más compadres, taconeando,
dimos vueltas manzana con la barra,
silbando fuerte para que la rubia
del almacén saliera a la ventana.
A mí me tocó un día irme muy lejos
pero no me olvidé de las vederas.
Aquí o allá las siento en los tamangos
como la fiel caricia de mi tierra.
                                                        Julio Cortázar

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El cordón de la vereda

Hoy volví a hacer ese camino
con su esquina y su portón,
los patios de malvón
y ese olor tan tristón de los jazmines.
Caminé como ayer por la vereda:
¨si me caigo del cordón
tendré novia y serás vos¨
y la suerte me empujaba al empedrado.
Y llegué a la casa del tejado
para abrir la puerta de madera
y pasar junto al jarrón
y mirar por la ventana las violetas,
la cocina, los dos mates,
el sillón con su mantita
y el gatito en el diván.
Todo igual y veinte años,
vos no estás para charlar,
yo quizás nunca volví
y, tal vez, sea un adiós sin acabar.
Hoy la menta y el cedrón se hicieron míos
como ayer en la canción
que cantaste en el balcón
con los ojos atrapados por el frío.
Caminé por el cordón de la vereda:
¨Si me caigo tengo novia
y la novia serás vos.¨
Esta vez no me caí...maldita suerte!
                                                         Gabriel Alejo Jacovkis (Setiembre de 1994)
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        Un poco de eso, claro
 
Un poco eso, claro; los tangos como recuento de amores humillados y recapitulaciones de la desgracia, pueblo de larvas en la memoria mostrando en el perfil de las melodías y en las casi siempre sórdidas crónicas de las letras las monedas usadas y repetidas, la obstinada numismática del recuerdo.
Y nunca viniendo solos, magdalenas de Gardel o de Laurenz tirando a la cara los olores y las luces del barrio (el mío, Bánfield, con calles de tierra en mi infancia, con paredones que de noche escondían los motivos posibles del miedo). Nunca viniendo solos, y en estos últimos años tan pegados a nuestro exilio, que no es el del Lejano Buenos Aires de una clásica bohemia porteña sino el destierro en masa, tifón del odio y el miedo. Escuchar hoy aquí los viejos tangos ya no es una ceremonia de la nostalgia; este tiempo, esta historia los han cargado de horror y de llanto, los han vuelto máquinas mnemotécnicas, emblemas de todo lo que se venía preparando desde tan atrás y tan adentro en la Argentina. Y entonces, claro...
                                                                                                                    Julio Cortázar
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Rambleando

Desde su frío pedestal rodeado de leones
Colón señala con un dedo tieso
aquel sitio lejano, aquel lugar perverso
donde sin darme cuenta yo olvidé tu amor.
Estábamos los dos en tierra extraña,
sin brújula ni mando,
golpeados por mil vientos,
buscando una salida
Chocaban nuestros cuerpos con las rocas,
perdida nuestra nave, a la deriva
Estábamos yo y vos en tierra extraña
temblando como pájaros sin nido
vagando como osos sin guarida
Dos naufragos sin tabla ni esperanza
dos locos pasajeros de la vida
Las tres y poco más de alguna tarde triste
aquí voy yo, los pies y el corazón Ramblas abajo,
fingiendo que conozco otro camino
que no lleve fatalmente hasta ese cuarto
donde tu ausencia agazapada como un tigre
crece en las sombras, me desgarra el corazón
La madrugada, por cambiar, cambió de horario
y pese al sol que asoma tibio tras las casas
veo dormirse la esperanza entre mis manos
se va aleteando mi mirada tras los barcos
vuela mi alma hacia la tuya con los pájaros
Las tres y un poco más de algún otoño triste
Aquí voy yo, los pies y el corazón Ramblas abajo,
y aunque la tarde es tibia y sin aristas
se hielan las palabras en mis labios,
es noche oscura para el alma sin descanso.
                                                                        Dante Bertini y Gabriel Alejo Jacovkis
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Letra de "Prepárense"

                                        Tango para bailar
                                         en el club Sin Rumbo
 
Cuando la típica empieza afinando
                                        prepárense
para el momento que el réferi toque el pito
                                        prepárense
si el viento del jardín
                    trae el olor a menta
                                        prepárense
al apagarse la luz cortado el circuito
                                        prepárense
pero si el frío que durmió los pies
llega a las rodillas
                                        prepárense
en el momento que se acabaron las voces
una garra oprime el alma
prepárense
prepárense para cambiar prepárense
el violín desnuda su arco
                                suena y no se oye
                                ¡Preparate che!
                                                                        Luis Luchi y Gabriel Alejo Jacovkis
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Y luego fue una sombra
 
Y luego fue una sombra,
un pensar en el vacío.
Y ella dijo:
"Aún no me conoces,
aún no soy, pero te quiero".
Y luego fue otra sombra.
Una hoja que ya sabe la llegada del otoño.
Y él se vio sorprendido en su tristeza,
pero habló desde un silencio adormecido:
"Te quise hasta el dolor
en la tarde de mi vida".
Ella anduvo entre el beso y la nostalgia.
Y no supo comprender los años rotos.
Él pensó en una puerta y un olvido
y el sol que se apaga en el silencio.
Y luego en el mirarse hubo un misterio.
El calor de un susurro.
Un lejano sufrir por lo imposible.
Un adiós sin final. Una pregunta.
                                                                    Gabriel Alejo Jacovkis

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De Corrales a Tranqueras

De Corrales a Tranqueras 
¿cuántas leguas quedarán...?
Dicen que son once leguas, 
nunca las pude contar.
Las hice con agua y viento, 
escarcha de luna y sol;
Pero entonces no contaba 
porque iba rumbo al amor!

Entonces todo cantaba, 
agua, tierra, viento y sol.
Entonces todo era canto 
porque iba cantando yo!
Mi flete era parejero, 
-¡mis años de domador!-
y los caminos cortitos 
pa'l trote del corazón.

Camino de mis recuerdos, 
-tierra roja y pedregal-
bordeao de cerros parejos 
que se inclinan al pasar.
¡Vigilante! ¡miriñaque!, 
cerros de mi soledad,
repechao por mis cantares, 
sombra de todo y chircal...!

Hoy que me duele la vida 
cansao de tanto changar,
baldao por los redomones, 
ya nos las puedo contar;
y quebrao por una pena 
pregunto en mi soledad:
De Corrales a Tranqueras, 
¿cuántas leguas quedarán?
			                  Osiris Rodríguez Castillos
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La cumparsita
 
Si supieras
que aún dentro de mi alma
conservo aquel cariño
que tuve para ti...!
Quién sabe, si supieras
que nunca te he olvidado!
volviendo a tu pasado
te acordarás de mí...
 
Los amigos ya no vienen
ni siquiera a visitarme,
nadie quiere consolarme
en mi aflicción;
desde el día en que te fuiste
siento angustias en mi pecho;
decí, percanta, qué has hecho
de mi pobre corazón!
 
Al cotorro abandonado
ya ni el sol de la mañana
asoma por la ventana, 
como cuando estabas vos
y aquel perrito compañero
que por tu ausencia no comía
al verme solo, el otro día,
también me dejó.
 
Ah... si supieras
que aún dentro de mi alma 
conservo aquel cariño
que tuve para ti...!
Quién sabe, si supieras
que nunca te he olvidado!
volviendo a tu pasado
te acordarás de mí...
                                        P. Contursi, E. Maroni, G. H. Matos Rodríguez

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Los hermanos
Yo tengo tantos hermanos
que nos los puedo contar;
en el valle, en la montaña,
en la pampa y en el mar.
Cada cual con sus trabajos,
con sus sueños cada cual,
con la esperanza delante,
con los recuerdos detrás.
Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar.
 
Gente de mano caliente
por eso de la amistad,
con un lloro pa' llorarlo,
con un rezo pa' rezar.
Con un horizonte abierto
que siempre esta más allá,
y esa fuerza pa' buscarlo
con tesón y voluntad.
Cuando parece mas cerca
es cuando se aleja más.
Yo tengo tantos hermanos
que no los puedo contar.
 
Y así seguimos andando
curtidos de soledad;
nos perdemos por el mundo,
nos volvemos a encontrar.
Y así nos reconocemos
por el lejano mirar,
por las coplas que mordemos
semillas de inmensidad.
 
Y así seguimos andando
curtidos de soledad;
y en nosotros nuestros muertos
pa' que nadie quede atrás.
Yo tengo hermanos
que no los puedo contar,
y una hermana muy hermosa
que se llama Libertad!
                                                Atahualpa Yupanqui

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